Los organizadores del certamen de belleza Miss Cantabria 2007 le retiraron en Febrero la corona de ganadora a Ángela Bustillo tras conocer que era madre. La joven ya había anunciado que llevaría la decisión a los juzgados al considerarla inconstitucional.
Ahora, a mediados de Junio, acontece lo que era de cajón. Seguramente, ante la amenaza de la demanda, los organizadores consultaron con sus servicios jurídicos las posibilidades de éxito que tendrían si insistiesen en ratificar su decisión ante los juzgados; decisión que se basaba en una norma caprichosa y machista. La repuesta de sus abogados debió ser de lógica: ninguna.
Para curarse en salud, han decidido restituir el derecho de la joven y cambiar, por tanto, con efecto retroactivo, esa norma tan particular. La Constitución establece que no puede haber discriminación por una “condición o circunstancia personal o social”. El hecho de ser madre sí se ajusta a la definición de lo entrecomillado; el de ser fumador no.
El término fumador no es denotativo porque no define a una persona por lo que es, sino por lo que a veces hace. El ser fumador no es ninguna cualidad de carácter permanente o inherente a ningún ser humano. No existe el fumador sino el acto concreto de fumar y su discutible voluntariedad en el espacio y en el tiempo. Si considerásemos que al fumador se le discrimina por el hecho de serlo cada vez que se le sanciona por infringir una norma, podríamos llegar a absurdos lógicos tales como pensar que Fernando Alonso es discriminado cada vez que se le multa por circular a 200 kilómetros por hora por el Paseo de la Castellana.
Por otra parte, meterse humo en los pulmones siempre es una mala idea. Nadie nace con un cigarro encendido en la boca. No se nace fumador, ni se hace; sino que lo hacen. Se fuma porque existen beneficiarios a los que les interesa que se fume, no porque el 30% de la población quiera fumar.
De otra forma, podemos asumir que el fumador no es libre en su decisión de fumar dados los condicionantes que lo llevan a ello. Muchos fumadores juran y perjuran que fuman porque quieren y les gusta. Pero eso es algo que ningún fumador puede demostrar fehacientemente, dada la naturaleza adictiva de la nicotina.
Muchas veces hacemos cosas que nos gustan. Llegamos a esa conclusión y sacamos placer haciendo una y otra vez esas cosas porque las hemos experimentado por los medios naturales para los que el proceso de racionalización está preparado –la percepción sensible-.
Pero este no es el caso de la llamada “diversión química”. La adicción y la consecuente alteración de la consciencia, que nos hace experimentar supuestas sensaciones de placer, si conocemos los peligros que ello puede acarrear, jamás puede ser el resultado de un decisión voluntaria. Cada vez que alguien decide introducirse humo en los pulmones una y otra vez, probablemente lo hace bajo repetidos estados de enajenación mental transitoria, según actúe el síndrome de abstinencia.
miércoles, junio 20, 2007
sábado, junio 16, 2007
El principio de la solución

Un camello de alta alcurnia ha anunciado que intentará introducir en el mercado una nueva gama de productos sin humo derivados del tabaco. Esto, ellos mismos dejan claro, no está destinado a ser un sustituto de sus drogas combustibles. Es parte de una estrategia que les permitirá mantener el volumen de ingresos que el trapicheo legal a gran escala les reporta; puesto que lo pueden ver seriamente reducido si los estados persiguen con cada vez más afán la quema de cilindros. Aquí podéis ver la noticia.
Como quiera que sea, este es el camino que han de seguir: el de la reconversión. Sigue siendo droga dura lo que venden pero será un negocio puente antes de que tengan que abandonar el tráfico de nicotina por completo. El negocio de la parafarmacia es el que deben abandonar porque pronto, las pocas farmacéuticas que estaban dispuestas a seguir ejerciendo su mala praxis, dejarán de ser aliadas incondicionales. Es normal porque ese tipo de acciones de las tabacaleras comporta una falta de honestidad intrínseca que la gente comienza a percibir. No es lógico que el zorro se ofrezca a cuidar las gallinas y ya estaban sobrevalorando la estupidez del público.
miércoles, junio 13, 2007
¿Por qué la gente sigue fumando donde está prohibido?
Muchos piensan que la regulación del consumo de tabaco en un lugar determinado es sólo potestad del propietario. Sin embargo eso es un imposible porque el propietario, sin usar la coerción, difícilmente podrá hacerlo. Lo que determina si se fuma o no en un local es la adicción a la nicotina del individuo, la cual siempre actúa en el mismo sentido. Ni el Estado ni el propietario pueden controlar la voluntad de un enfermo de tabaquismo sin el uso de la coacción.
Es así y no es de otra manera. Pero eso sucede a gran escala porque la venta de tabaco no es ilegal. Entonces, para futuros adictos al tabaco, es muy difícil evitar caer en una trampa cuya legalidad fortuita ha sido heredada, como si de un derecho dinástico se tratase, pero nada más. En estos tiempos, habiendo la humanidad reconocido el error histórico en el que incurrió al mantener su legalidad, la protección dispensada al comercio del tabaco por parte de los estados es sólo el resultado de la imposición de unos pocos, de sus criterios y de sus intereses.
Muchos no quieren fumar y nunca habrían empezado a hacerlo si el tabaco hubiese sido “normalizado” de acuerdo a su naturaleza; declarando su ilegalidad. El comercio de los productos del tabaco, como el de cualquier otra droga dura, debe desarrollarse en las mismas condiciones que lo hacen otras drogas como la cocaína o la heroína y su contrabando debería ser perseguido en consecuencia.
Ya asumida la legalidad del comercio del tabaco, la 28/05 se incumple con tanta exageración porque no se multa; no porque no se hagan guardias de vigía ni porque los usuarios la infrinjan. Eso de multar no se lleva en este inmaduro país. Es más, se ve mal, se desaconseja y se impide desde arriba. Por mucho que quiera un policía multar, ni sus superiores ni la sociedad se lo ponen fácil.
Es así y no es de otra manera. Pero eso sucede a gran escala porque la venta de tabaco no es ilegal. Entonces, para futuros adictos al tabaco, es muy difícil evitar caer en una trampa cuya legalidad fortuita ha sido heredada, como si de un derecho dinástico se tratase, pero nada más. En estos tiempos, habiendo la humanidad reconocido el error histórico en el que incurrió al mantener su legalidad, la protección dispensada al comercio del tabaco por parte de los estados es sólo el resultado de la imposición de unos pocos, de sus criterios y de sus intereses.
Muchos no quieren fumar y nunca habrían empezado a hacerlo si el tabaco hubiese sido “normalizado” de acuerdo a su naturaleza; declarando su ilegalidad. El comercio de los productos del tabaco, como el de cualquier otra droga dura, debe desarrollarse en las mismas condiciones que lo hacen otras drogas como la cocaína o la heroína y su contrabando debería ser perseguido en consecuencia.
Ya asumida la legalidad del comercio del tabaco, la 28/05 se incumple con tanta exageración porque no se multa; no porque no se hagan guardias de vigía ni porque los usuarios la infrinjan. Eso de multar no se lleva en este inmaduro país. Es más, se ve mal, se desaconseja y se impide desde arriba. Por mucho que quiera un policía multar, ni sus superiores ni la sociedad se lo ponen fácil.
jueves, junio 07, 2007
Responsabilidad del Estado
Tras leer este artículo antiguo en el que hablaba de cómo la materialización de un plus de toxicidad podría facilitar el camino hacia una prohibición general en el ámbito hostelero, parece que amigos trabajadores de la hostelería se han dado cuenta de lo que la Industria Tabaquera planeó con mucha más astucia, si cabe, que el Estado: el divide y vencerás. Para colmo, la Ley 28/05, blandiendo el es-peor-el-remedio-que-la-enfermedad, ha conseguido enquistar el problema y blindarlo frente a cualquier solución posible, con la amenaza del elevado coste que supondría una prohibición general tanto para el Estado como para la hostelería y la restauración. Es evidente que con los trabajadores de la hostelería se puede terminar de gestar un problema bastante incómodo como empecemos a reconocer que el tabaquismo pasivo es una enfermedad profesional. Sobre todo por eso de que unos cobren plus de toxicidad y otros no una vez que el humo haya sido desterrado por completo de la hostelería y la restauración. Por fortuna, todo tiene arreglo, como respondí en el foro de nofumadores.org. Recomiendo leer el artículo al que nos referimos para entender la siguiente explicación:
El complemento específico de las Cenicientas deshollinadoras liberadas del humo desaparecería como concepto en la nómina pero el líquido a percibir en los meses sucesivos no debería bajar. Es decir, sería conveniente subsumir su cuantía económica al sueldo para evitar protestas y males mayores. Que un líquido a percibir baje no se ha visto nunca y no sería políticamente correcto. Por tanto, los que alguna vez fueron deshollinadores tendrían que seguir cobrando lo mismo hasta que se jubilen.
El problema estaría en como subirles el sueldo a los que nunca fueron deshollinadores de ceniceros hasta equipararlo al de los ex-deshollinadores. Así, a iguales condiciones, iguales ingresos.
Se me ocurre que los empresarios que nunca permitieron fumar serían los agraviados comparativamente. Eso sería algo que el Estado debería compensar con dinero de su bolsillo como responsable en primera instancia. Puesto que suya fue la culpa al haber dictado en el pasado una Ley mal hecha. Si el Estado, a su vez quiere repetir sobre las tabaqueras para que paguen como las beneficiarias del mal de todos, es cosa suya. El Estado debe arreglar los entuertos que ocasiona. La responsabilidad siempre fue del que promulgó una Ley injusta, lo supiese o no; lo previese o no. Lo que está claro es que a la legislatura que le tocase, le iba hacer muy poca gracia la prohibición general.
domingo, junio 03, 2007
Partido de los NO-FUMADORES V
DÍA 5 Y ÚLTIMO
PANEL 15
La idea básica de lo expuesto anteriormente es bastante elocuente para el caso de la hostelería y la restauración. Este ha sido desde hace muchos años el principal objetivo de la Tabacalera. Por tanto, es también quizás nuestro primer campo de batalla. En España, es particularmente escandaloso cómo el Estado se ha plegado en este sector a los intereses de la Industria Tabaquera. Aquí tenemos la base desde la que podemos empezar a dar a conocer nuestro movimiento. Creo que deberíamos empezar por ridiculizar la doble moral y la cobardía con la que el Ministerio de Sanidad opera en la hostelería. Por ejemplo, podemos recordar el lema de la campaña lanzada por el Ministerio de Sanidad, “Elige espacios sin humo. Por lo que más quieras” y hablar de cómo el Estado ofrece a los padres la remota posibilidad de no envenenar a sus hijos cuando van con ellos a un bar cualquiera. Que más que proteger la salud pública con esa campaña, lo que hace es recordar que en España las leyes del tabaco nunca son vinculantes y su utilidad depende de la buena voluntad de la gente. Como si el Estado nunca fuese responsable, sino sólo el votante, que nunca se esfuerza lo suficiente para librarse del humo con su borreguil inclinación por el susodicho; después de todo el esfuerzo que ha hecho el Estado por él.
Otra cuestión candente que puede darnos mucho juego es la situación de los trabajadores en la hostelería. A muchos se les ha negado el derecho a un ambiente libre de humo de tabaco “con todas las de la ley” de manera, para ellos, bastante arbitraria.
PANEL 16
He estado repasando los contenidos de la página de Stanton A. Glantz, profesor de medicina en la Universidad de California en San Francisco, http://www.tobaccoscam.ucsf.edu/ads/index.cfm. En este preciso enlace creo que podemos encontrar material publicitario, muy dedicado a la hostelería, para promocionar el partido. Naturalmente, además de traducir al castellano habría que adaptar contenidos de los anuncios para su uso práctico en España.
PANEL 17
Siempre he tenido la impresión de que el movimiento antitabaco en España se centra en exceso en el aspecto sanitario. Con ello parece que la sociedad inconscientemente –aunque quizás manipulada por la política tradicional y por la Industria del Tabaco- ha obviado el perjuicio general ocasionado por el tabaquismo en otros ámbitos.
Como bien se detalla en el programa, las implicaciones sociales y económicas son grandes desconocidas para la sociedad. El aspecto sanitario asusta a la población fumadora y, cada vez más, a la no-fumadora en lo que a efectos perceptibles e inmediatos se refiere. Por su parte, a los Gobiernos, cuando menos, les “incomoda” el asunto. Por eso creo que en la página debemos recordar que el perjuicio en términos de Salud Pública existe, pero también tenemos que demostrar, a modo de novedad, que la justificación por parte del Estado del auspicio del tabaco como mercancía legal y como negocio próspero es inexistente. De hecho, existen multitud de estudios e informes avalados por instituciones de reconocido prestigio que echan por tierra los argumentos sobre los que se ha basado el Mito Número 10: “El tabaco es bueno para la economía”. Esos estudios podrían ser una buena portada.
En un segundo nivel de concreción, debemos hacer hincapié en la relación existente entre la Industria del Tabaco y la Hostelería. Aquí es donde más fácilmente podemos dejar en evidencia los “errores” cometidos hasta ahora. Pero hemos de ser cautelosos a la hora de juzgar a la Hostelería, la cual, al igual que los propios fumadores ha de ser considerada como víctima –su gremio-. El uso instrumental que la Industria del Tabaco ha dado a la Hotelería y la Restauración aparece en estudios sobradamente contrastados.
Algo que conlleva cierto riesgo para nuestra credibilidad, pero que podría salir bien, sería el no restringirnos a criticar una Ley discriminatoria para ciertos trabajadores o unas políticas económicas y electoralistas poco menos que corruptas llevadas a cabo por la Administración a la hora de firmar acuerdos con productores de tabaco o intereses pseudo-hosteleros en España, así como para forzar la concesión de subvenciones provenientes de fondos europeos. Existen indicios en proceso de prueba que demostrarían que muchos presidentes de gremios de hostelería y restauración miran más el beneficio de la Industria antes que el del propio gremio al que representan por alguna razón de peso. También es conocido el favor concedido desde dentro de muchos cuadros intermedios de la Administración. Si no podemos ofrecer nombres concretos, o unas acusaciones así resultasen hoy por hoy, “políticamente incorrectas”, quizás podamos abrir el debate disimuladamente e incitar así a la opinión pública para que lo haga por nosotros.
PANEL 18
Llevamos algún tiempo siguiendo muy de cerca el pronunciamiento de la llamada “Derecha Liberal” en España sobre las regulaciones del tabaco, opiniones que han acabado asumiendo los discursos electorales de corte populista independientemente de su tendencia. En nombre de la libertad se ha logrado confundir al público de la peor manera que se podía esperar. Se observa como este liberalismo sui generis gana día a día adeptos, pero lo hace por un cauce inapropiado. Ciertas publicaciones periódicas tratan de divulgar una perversión del Liberalismo, como mera arma política para derrocar el socialismo imperante en España. En teoría, el tratamiento que un no fumador debe otorgarle en su discurso a estos grupos debería ser análogo al usado para contrarrestar la influencia de la Industria Tabacalera: hay que intentar aislarlo. El liberalismo económico, será un modelo totalmente válido para dar solución a todos los problemas de la sociedad incluyendo éste. Pero habrá que aclarar que en España el liberalismo que se opone a la regulación del tabaco no es merecedor de esa denominación sino de otra bien distinta. Habría que convencer a la gente de que “el verdadero liberalismo”, también busca la disminución de las tasas de tabaquismo porque valora la responsabilidad social, que también es partidario del control y la regulación del tabaco y que, estos otros que tanto se hacen oír, son sólo emisarios de la Industria Tabaquera. Quedando así metidos todos en un mismo bote, como cualquier portador de un discurso que tenga como objeto la oposición a las regulaciones del tabaco.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1, DÍA 2, DÍA 3
PANEL 15
La idea básica de lo expuesto anteriormente es bastante elocuente para el caso de la hostelería y la restauración. Este ha sido desde hace muchos años el principal objetivo de la Tabacalera. Por tanto, es también quizás nuestro primer campo de batalla. En España, es particularmente escandaloso cómo el Estado se ha plegado en este sector a los intereses de la Industria Tabaquera. Aquí tenemos la base desde la que podemos empezar a dar a conocer nuestro movimiento. Creo que deberíamos empezar por ridiculizar la doble moral y la cobardía con la que el Ministerio de Sanidad opera en la hostelería. Por ejemplo, podemos recordar el lema de la campaña lanzada por el Ministerio de Sanidad, “Elige espacios sin humo. Por lo que más quieras” y hablar de cómo el Estado ofrece a los padres la remota posibilidad de no envenenar a sus hijos cuando van con ellos a un bar cualquiera. Que más que proteger la salud pública con esa campaña, lo que hace es recordar que en España las leyes del tabaco nunca son vinculantes y su utilidad depende de la buena voluntad de la gente. Como si el Estado nunca fuese responsable, sino sólo el votante, que nunca se esfuerza lo suficiente para librarse del humo con su borreguil inclinación por el susodicho; después de todo el esfuerzo que ha hecho el Estado por él.
Otra cuestión candente que puede darnos mucho juego es la situación de los trabajadores en la hostelería. A muchos se les ha negado el derecho a un ambiente libre de humo de tabaco “con todas las de la ley” de manera, para ellos, bastante arbitraria.
PANEL 16
He estado repasando los contenidos de la página de Stanton A. Glantz, profesor de medicina en la Universidad de California en San Francisco, http://www.tobaccoscam.ucsf.edu/ads/index.cfm. En este preciso enlace creo que podemos encontrar material publicitario, muy dedicado a la hostelería, para promocionar el partido. Naturalmente, además de traducir al castellano habría que adaptar contenidos de los anuncios para su uso práctico en España.
PANEL 17
Siempre he tenido la impresión de que el movimiento antitabaco en España se centra en exceso en el aspecto sanitario. Con ello parece que la sociedad inconscientemente –aunque quizás manipulada por la política tradicional y por la Industria del Tabaco- ha obviado el perjuicio general ocasionado por el tabaquismo en otros ámbitos.
Como bien se detalla en el programa, las implicaciones sociales y económicas son grandes desconocidas para la sociedad. El aspecto sanitario asusta a la población fumadora y, cada vez más, a la no-fumadora en lo que a efectos perceptibles e inmediatos se refiere. Por su parte, a los Gobiernos, cuando menos, les “incomoda” el asunto. Por eso creo que en la página debemos recordar que el perjuicio en términos de Salud Pública existe, pero también tenemos que demostrar, a modo de novedad, que la justificación por parte del Estado del auspicio del tabaco como mercancía legal y como negocio próspero es inexistente. De hecho, existen multitud de estudios e informes avalados por instituciones de reconocido prestigio que echan por tierra los argumentos sobre los que se ha basado el Mito Número 10: “El tabaco es bueno para la economía”. Esos estudios podrían ser una buena portada.
En un segundo nivel de concreción, debemos hacer hincapié en la relación existente entre la Industria del Tabaco y la Hostelería. Aquí es donde más fácilmente podemos dejar en evidencia los “errores” cometidos hasta ahora. Pero hemos de ser cautelosos a la hora de juzgar a la Hostelería, la cual, al igual que los propios fumadores ha de ser considerada como víctima –su gremio-. El uso instrumental que la Industria del Tabaco ha dado a la Hotelería y la Restauración aparece en estudios sobradamente contrastados.
Algo que conlleva cierto riesgo para nuestra credibilidad, pero que podría salir bien, sería el no restringirnos a criticar una Ley discriminatoria para ciertos trabajadores o unas políticas económicas y electoralistas poco menos que corruptas llevadas a cabo por la Administración a la hora de firmar acuerdos con productores de tabaco o intereses pseudo-hosteleros en España, así como para forzar la concesión de subvenciones provenientes de fondos europeos. Existen indicios en proceso de prueba que demostrarían que muchos presidentes de gremios de hostelería y restauración miran más el beneficio de la Industria antes que el del propio gremio al que representan por alguna razón de peso. También es conocido el favor concedido desde dentro de muchos cuadros intermedios de la Administración. Si no podemos ofrecer nombres concretos, o unas acusaciones así resultasen hoy por hoy, “políticamente incorrectas”, quizás podamos abrir el debate disimuladamente e incitar así a la opinión pública para que lo haga por nosotros.
PANEL 18
Llevamos algún tiempo siguiendo muy de cerca el pronunciamiento de la llamada “Derecha Liberal” en España sobre las regulaciones del tabaco, opiniones que han acabado asumiendo los discursos electorales de corte populista independientemente de su tendencia. En nombre de la libertad se ha logrado confundir al público de la peor manera que se podía esperar. Se observa como este liberalismo sui generis gana día a día adeptos, pero lo hace por un cauce inapropiado. Ciertas publicaciones periódicas tratan de divulgar una perversión del Liberalismo, como mera arma política para derrocar el socialismo imperante en España. En teoría, el tratamiento que un no fumador debe otorgarle en su discurso a estos grupos debería ser análogo al usado para contrarrestar la influencia de la Industria Tabacalera: hay que intentar aislarlo. El liberalismo económico, será un modelo totalmente válido para dar solución a todos los problemas de la sociedad incluyendo éste. Pero habrá que aclarar que en España el liberalismo que se opone a la regulación del tabaco no es merecedor de esa denominación sino de otra bien distinta. Habría que convencer a la gente de que “el verdadero liberalismo”, también busca la disminución de las tasas de tabaquismo porque valora la responsabilidad social, que también es partidario del control y la regulación del tabaco y que, estos otros que tanto se hacen oír, son sólo emisarios de la Industria Tabaquera. Quedando así metidos todos en un mismo bote, como cualquier portador de un discurso que tenga como objeto la oposición a las regulaciones del tabaco.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1, DÍA 2, DÍA 3
sábado, junio 02, 2007
Partido de los NO-FUMADORES IV
DÍA 4
PANEL 12
Volviendo a la “toma en serio” por parte de los votantes, me parece que sigue siendo complicado por la falta de concienciación y lo difícil que resulta la divulgación de informes y estudios apropiados. Es una pena porque incluso gran parte de los votantes más escépticos y reacios, se afirmarían en el convencimiento de que el tabaquismo es un problema de primera magnitud, si tan sólo dispusieran de la información pertinente. Como habéis dicho antes, si supiesen lo que sabemos nosotros porque lo hubiesen leído como lo leímos nosotros, las cosas cambiarían bastante. El tabaquismo tiene en la ignorancia su mejor aliada. No lo olvidéis.
Es imprescindible cierta labor de divulgación de contenidos de aspecto técnico, no sólo el destape de los trapos sucios de nuestro enemigo. En un votante bien informado, el problema del tabaquismo rivaliza en importancia con cualquier otro achacable a la gestión política como pueda ser el paro, la lucha antiterrorista o el precio de la vivienda. Por supuesto, hay que convencer a la población de que el problema es, ante todo, político. Ciertos políticos han de ser en general los culpables en primera instancia y sin disculpas. Con valentía y buena voluntad política esta lacra no nos afectaría. Dicho de otra manera, el tabaquismo ha de ser el resultado de la flaqueza moral de personas concretas en el poder o, añadiéndole audacia a la acusación, el producto de la corrupción de políticos con nombres. A estas personas habrá que buscarlas, señalarlas con el dedo y apartarlas del puesto que ocupen. Expresándonos con diplomacia, una acusación así no alarmará a la opinión pública, que en muchos casos creerá que era un secreto a voces. Pues es normal que exista una minoría oportunista que merezca ser perseguida, dados los nocivos efectos para la sociedad, consecuencia de un cuestionable proceder en el desempeño de sus funciones públicas.
PANEL 13
Ahora que lo dices, además, es algo inevitable que suceda algo así. Sólo es cuestión de tiempo. Sucederá algo parecido a lo que ha sucedido durante estos años con el secreto a voces que era la existencia de la corrupción urbanística. Actualmente ya no es secreto y no es ficción. Culpables concretos están siendo procesados. Ahora bien, esto no es posible hoy por hoy hasta que la sociedad no cobre conciencia sobre el problema; hasta que la sociedad no se de cuenta de que los intereses económicos generales no justifican el sacrificio, ni tan siquiera la merma, del bienestar y de la salud pública. Entre otras cosas, porque los intereses tabaqueros ni siquiera eran generales o comunes sino muy particulares. Resumiendo, hasta que no se considere el auspicio por parte de cargos públicos de los intereses tabaqueros como delito o inaceptable socialmente, pasará mucho tiempo.
PANEL 14
Me gustaría hacer hincapié en la necesidad de emplear una estrategia de aislamiento a la hora de tratar a la Industria Tabacalera. Recuerdo un artículo del que fuera alcalde de Madrid, Joaquín Leguina, titulado “Gordos, fumadores y otros proscritos”. Tenemos que dejarle claro al público que nuestro objetivo es sólo uno: acabar con el tabaquismo. Y que no hay ninguna intención ulterior. Han de saber que nuestra “manía” al tabaco no es extrapolable a otras áreas; que después del tabaco, no la vamos a tomar con el sector vinícola; después de los fumadores –contra quienes además no va la cosa- no vamos a perseguir luego a los obesos o a los homosexuales. Nuestro único interés será la lucha antitabaco y no perseguimos a nadie ni nos la damos de misioneros o salvadores.
Volvemos a lo mismo. Tenemos que hacerle saber a la gente lo indiscutible: el tabaco es prescindible para nuestra sociedad. Por otro lado se tiene que llegar al convencimiento de que es algo perjudica a todo el mundo y no beneficia más que a unos pocos que, además, no se van a morir de hambre por muy deprisa que acabemos con el cigarro. Por tanto, todo el mundo ha de sentirse perjudicado por este mal común. Los que no se sientan perjudicados directamente, al menos deberán reconocer su ineficiencia económica y el daño que causa a sus congéneres y a nuestra sociedad en general. Cualquiera que sea propietario de un negocio no directamente relacionado con la Industria Tabaquera, cualquier empresario que emplee o no a fumadores, ha de sentir que la Industria Tabaquera de manera directa o indirecta le endosa a su negocio los gastos que el humo del cigarro ocasiona.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1, DÍA 2
PANEL 12
Volviendo a la “toma en serio” por parte de los votantes, me parece que sigue siendo complicado por la falta de concienciación y lo difícil que resulta la divulgación de informes y estudios apropiados. Es una pena porque incluso gran parte de los votantes más escépticos y reacios, se afirmarían en el convencimiento de que el tabaquismo es un problema de primera magnitud, si tan sólo dispusieran de la información pertinente. Como habéis dicho antes, si supiesen lo que sabemos nosotros porque lo hubiesen leído como lo leímos nosotros, las cosas cambiarían bastante. El tabaquismo tiene en la ignorancia su mejor aliada. No lo olvidéis.
Es imprescindible cierta labor de divulgación de contenidos de aspecto técnico, no sólo el destape de los trapos sucios de nuestro enemigo. En un votante bien informado, el problema del tabaquismo rivaliza en importancia con cualquier otro achacable a la gestión política como pueda ser el paro, la lucha antiterrorista o el precio de la vivienda. Por supuesto, hay que convencer a la población de que el problema es, ante todo, político. Ciertos políticos han de ser en general los culpables en primera instancia y sin disculpas. Con valentía y buena voluntad política esta lacra no nos afectaría. Dicho de otra manera, el tabaquismo ha de ser el resultado de la flaqueza moral de personas concretas en el poder o, añadiéndole audacia a la acusación, el producto de la corrupción de políticos con nombres. A estas personas habrá que buscarlas, señalarlas con el dedo y apartarlas del puesto que ocupen. Expresándonos con diplomacia, una acusación así no alarmará a la opinión pública, que en muchos casos creerá que era un secreto a voces. Pues es normal que exista una minoría oportunista que merezca ser perseguida, dados los nocivos efectos para la sociedad, consecuencia de un cuestionable proceder en el desempeño de sus funciones públicas.
PANEL 13
Ahora que lo dices, además, es algo inevitable que suceda algo así. Sólo es cuestión de tiempo. Sucederá algo parecido a lo que ha sucedido durante estos años con el secreto a voces que era la existencia de la corrupción urbanística. Actualmente ya no es secreto y no es ficción. Culpables concretos están siendo procesados. Ahora bien, esto no es posible hoy por hoy hasta que la sociedad no cobre conciencia sobre el problema; hasta que la sociedad no se de cuenta de que los intereses económicos generales no justifican el sacrificio, ni tan siquiera la merma, del bienestar y de la salud pública. Entre otras cosas, porque los intereses tabaqueros ni siquiera eran generales o comunes sino muy particulares. Resumiendo, hasta que no se considere el auspicio por parte de cargos públicos de los intereses tabaqueros como delito o inaceptable socialmente, pasará mucho tiempo.
PANEL 14
Me gustaría hacer hincapié en la necesidad de emplear una estrategia de aislamiento a la hora de tratar a la Industria Tabacalera. Recuerdo un artículo del que fuera alcalde de Madrid, Joaquín Leguina, titulado “Gordos, fumadores y otros proscritos”. Tenemos que dejarle claro al público que nuestro objetivo es sólo uno: acabar con el tabaquismo. Y que no hay ninguna intención ulterior. Han de saber que nuestra “manía” al tabaco no es extrapolable a otras áreas; que después del tabaco, no la vamos a tomar con el sector vinícola; después de los fumadores –contra quienes además no va la cosa- no vamos a perseguir luego a los obesos o a los homosexuales. Nuestro único interés será la lucha antitabaco y no perseguimos a nadie ni nos la damos de misioneros o salvadores.
Volvemos a lo mismo. Tenemos que hacerle saber a la gente lo indiscutible: el tabaco es prescindible para nuestra sociedad. Por otro lado se tiene que llegar al convencimiento de que es algo perjudica a todo el mundo y no beneficia más que a unos pocos que, además, no se van a morir de hambre por muy deprisa que acabemos con el cigarro. Por tanto, todo el mundo ha de sentirse perjudicado por este mal común. Los que no se sientan perjudicados directamente, al menos deberán reconocer su ineficiencia económica y el daño que causa a sus congéneres y a nuestra sociedad en general. Cualquiera que sea propietario de un negocio no directamente relacionado con la Industria Tabaquera, cualquier empresario que emplee o no a fumadores, ha de sentir que la Industria Tabaquera de manera directa o indirecta le endosa a su negocio los gastos que el humo del cigarro ocasiona.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1, DÍA 2
viernes, junio 01, 2007
Partido de los NO-FUMADORES III
DÍA 3
PANEL 7
Yo lo que veo es que la gente no va a creerse eso de que el tabaco condiciona tanto sus vidas. Es muy difícil percibir unas ventajas que van de lo potencial a lo hipotético, pues nadie ha vivido en un mundo sin tabaco desde hace 500 años. Muchas de nuestras afirmaciones siempre van a sonar espurias, sencillamente falsas o exageradas. Entre otras cosas porque la mayoría de los ciudadanos de a pie nunca serán conscientes del alcance y la magnitud de este problema (no leen lo que nosotros, no saben lo que nosotros).
PANEL 8
Posiblemente, la divulgación de los diferentes estudios que señalan con el dedo al tabaco sea imprescindible. El problema es que la sociedad no se rinde fácilmente a evidencias científicas, médicas y estadísticas. A la gente sólo le interesa lo inmediato. Pero, aún cuando nosotros sabemos que las conclusiones se apoyan en estudios de máximo rigor científico, debemos evitar el abuso de fuentes soporíferas a las que los actores pro-tabaqueros y a algunos liberalistas de todas formas les fue fácil desprestigiar mediante la siembra de la duda. Si queremos evidenciar la inconveniencia del tabaco en todos los ámbitos, sería buena idea intentar desplazar el punto de mira principal hacia otros aspectos diferentes del sanitario. Bastante gente ya sabe que el tabaco es malo para su salud; pero aún no es suficiente. Nos hemos centrado en exceso en el perjuicio en sí de un hecho. El agente ha quedado como algo impersonal, pues los culpables no son concretos, son abstractos o indeterminados (la sociedad en sí, los intereses económicos…). La centralización del problema en el aspecto sanitario parece exonerar a los poderes públicos, a políticos concretos, a industrias concretas. Nunca se ha concretado la escala y la magnitud del problema. Aun cuando el escenario en el que nos movamos parezca abstracto en cuanto a límites y actores, no podemos estancarnos en la generalización. Corporaciones, estados, ciudadanos y consumidores son conceptos con los que nadie tiene que por qué estar familiarizado. No tendremos que buscar cabezas de turco. Los verdaderos culpables han de ser tangibles; han de tener cara y nombre en un futuro. Intentaremos demostrar que existen.
PANEL 9
Personalmente me parece inadecuado para nuestros intereses el tono que estáis empleando a la hora de describir el problema y señalar culpables. Da la sensación de que nuestro movimiento lo encabezan iluminados que se creen en posesión de la verdad absoluta. Eso es sin duda algo que espanta a cualquiera. Incluso un mero exceso de seguridad en afirmaciones asimilables para cualquiera puede dar lugar a la fácil tergiversación. Los propagandistas tabaqueros son muy hábiles haciendo creer al público que el mero intento de liberar al fumador de su hábito o imponerle cualquier regulación del consumo es totalitario, facistoide y filonazi. O sea que mucho cuidado con eso. Las afirmaciones y las acusaciones han de formularse con cara amable y humildad. El discurso apasionado de otras épocas ya no se lleva.
PANEL 10
Precisamente, tras leer las primeras versiones del manifiesto daba esa sensación, ahora que lo mencionas. Menos mal que a base de remodelaciones has conseguido aislar a un culpable a favor del que nadie está. Me parece más “prudente” la última versión. No se señala con el dedo a nada ni a nadie pero se recuerda o se destapa el quid de la cuestión. Sólo se refiere al mal como un ente abstracto. Ha sido una buena idea lo de inventarse un enemigo sin rostro, referido como “La Gran Tabacalera” o la “Industria Tabacalera”. Nadie se siente aludido y nadie se siente ofendido. Lo que preocupa más son otras alusiones como “la clase política de este país”. Aunque no aparezcan siglas, todos sabemos cuáles son los partidos políticos mayoritarios. Parece un insulto en general a la democracia española y por ahí se nos podría atacar, eso sin hablar de que pueden relacionarlo, una vez más, con nuestra radicalidad, nuestro extremismo, nuestro totalitarismo...
PANEL 11
Haré una aclaración sobre la redacción del Manifiesto.
Diferentes versiones fueron escritas a lo largo de Diciembre del año pasado. Las primeras eran escuetas y más “diplomáticas”.
En vista de la nuestra pérdida de iniciativa para llevar a cabo el proyecto, decidí reelaborarlo, aportando detalles más profundos y dotando al texto de un tono grandilocuente. El resultado final es un texto que, utilizado para los fines del partido, para muchos adolecería de una solemnidad arcaica por lo pretencioso de su forma y de su contenido. Además, se pueden encontrar numerosas notas discordantes con los fines, (más conciliadores), incluidos en la redacción del estatuto del Partido.
La secuencia narrativa al comienzo y hacia el final se asemeja de hecho en estructura al Manifiesto del Partido Comunista de 1848 por K. Marx y F. Engels. La razón de esto y de lo explicado en el párrafo anterior es que el propósito del texto, quedando yo sólo en la redacción, pasó a ser lúdico. Pensaba incluirlo en un futuro en mi bitácora precedido por una versión modificada del Estatuto y de transcripciones de conversaciones en su mayoría ficticias, simulando un debate sobre la conveniencia de crear el Partido de los No-fumadores.
Nunca llegué a publicar nada de eso. No lo consideré prudente, pues temo que el mero hecho de hablar sobre un partido político así pueda incomodar al sentir general de simpatizantes de otras organizaciones afines, que sólo parecen aprobar la lucha por la causa desde la Sociedad Civil en sentido estricto. Prefieren no llevar a cabo una acción que pueda comprometer su carácter apolítico. Por eso, no recomiendo la publicación de enlaces a este tipo de documentos en foros salvo consentimiento expreso de interesados y administradores.
Si creéis que un manifiesto puede ser útil, podéis modificar éste; añadir o quitar párrafos, cambiarlos, ampliarlos, tomar el texto como referencia o inspiración para crear uno nuevo, o usarlo directamente tal y como está.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1
PANEL 7
Yo lo que veo es que la gente no va a creerse eso de que el tabaco condiciona tanto sus vidas. Es muy difícil percibir unas ventajas que van de lo potencial a lo hipotético, pues nadie ha vivido en un mundo sin tabaco desde hace 500 años. Muchas de nuestras afirmaciones siempre van a sonar espurias, sencillamente falsas o exageradas. Entre otras cosas porque la mayoría de los ciudadanos de a pie nunca serán conscientes del alcance y la magnitud de este problema (no leen lo que nosotros, no saben lo que nosotros).
PANEL 8
Posiblemente, la divulgación de los diferentes estudios que señalan con el dedo al tabaco sea imprescindible. El problema es que la sociedad no se rinde fácilmente a evidencias científicas, médicas y estadísticas. A la gente sólo le interesa lo inmediato. Pero, aún cuando nosotros sabemos que las conclusiones se apoyan en estudios de máximo rigor científico, debemos evitar el abuso de fuentes soporíferas a las que los actores pro-tabaqueros y a algunos liberalistas de todas formas les fue fácil desprestigiar mediante la siembra de la duda. Si queremos evidenciar la inconveniencia del tabaco en todos los ámbitos, sería buena idea intentar desplazar el punto de mira principal hacia otros aspectos diferentes del sanitario. Bastante gente ya sabe que el tabaco es malo para su salud; pero aún no es suficiente. Nos hemos centrado en exceso en el perjuicio en sí de un hecho. El agente ha quedado como algo impersonal, pues los culpables no son concretos, son abstractos o indeterminados (la sociedad en sí, los intereses económicos…). La centralización del problema en el aspecto sanitario parece exonerar a los poderes públicos, a políticos concretos, a industrias concretas. Nunca se ha concretado la escala y la magnitud del problema. Aun cuando el escenario en el que nos movamos parezca abstracto en cuanto a límites y actores, no podemos estancarnos en la generalización. Corporaciones, estados, ciudadanos y consumidores son conceptos con los que nadie tiene que por qué estar familiarizado. No tendremos que buscar cabezas de turco. Los verdaderos culpables han de ser tangibles; han de tener cara y nombre en un futuro. Intentaremos demostrar que existen.
PANEL 9
Personalmente me parece inadecuado para nuestros intereses el tono que estáis empleando a la hora de describir el problema y señalar culpables. Da la sensación de que nuestro movimiento lo encabezan iluminados que se creen en posesión de la verdad absoluta. Eso es sin duda algo que espanta a cualquiera. Incluso un mero exceso de seguridad en afirmaciones asimilables para cualquiera puede dar lugar a la fácil tergiversación. Los propagandistas tabaqueros son muy hábiles haciendo creer al público que el mero intento de liberar al fumador de su hábito o imponerle cualquier regulación del consumo es totalitario, facistoide y filonazi. O sea que mucho cuidado con eso. Las afirmaciones y las acusaciones han de formularse con cara amable y humildad. El discurso apasionado de otras épocas ya no se lleva.
PANEL 10
Precisamente, tras leer las primeras versiones del manifiesto daba esa sensación, ahora que lo mencionas. Menos mal que a base de remodelaciones has conseguido aislar a un culpable a favor del que nadie está. Me parece más “prudente” la última versión. No se señala con el dedo a nada ni a nadie pero se recuerda o se destapa el quid de la cuestión. Sólo se refiere al mal como un ente abstracto. Ha sido una buena idea lo de inventarse un enemigo sin rostro, referido como “La Gran Tabacalera” o la “Industria Tabacalera”. Nadie se siente aludido y nadie se siente ofendido. Lo que preocupa más son otras alusiones como “la clase política de este país”. Aunque no aparezcan siglas, todos sabemos cuáles son los partidos políticos mayoritarios. Parece un insulto en general a la democracia española y por ahí se nos podría atacar, eso sin hablar de que pueden relacionarlo, una vez más, con nuestra radicalidad, nuestro extremismo, nuestro totalitarismo...
PANEL 11
Haré una aclaración sobre la redacción del Manifiesto.
Diferentes versiones fueron escritas a lo largo de Diciembre del año pasado. Las primeras eran escuetas y más “diplomáticas”.
En vista de la nuestra pérdida de iniciativa para llevar a cabo el proyecto, decidí reelaborarlo, aportando detalles más profundos y dotando al texto de un tono grandilocuente. El resultado final es un texto que, utilizado para los fines del partido, para muchos adolecería de una solemnidad arcaica por lo pretencioso de su forma y de su contenido. Además, se pueden encontrar numerosas notas discordantes con los fines, (más conciliadores), incluidos en la redacción del estatuto del Partido.
La secuencia narrativa al comienzo y hacia el final se asemeja de hecho en estructura al Manifiesto del Partido Comunista de 1848 por K. Marx y F. Engels. La razón de esto y de lo explicado en el párrafo anterior es que el propósito del texto, quedando yo sólo en la redacción, pasó a ser lúdico. Pensaba incluirlo en un futuro en mi bitácora precedido por una versión modificada del Estatuto y de transcripciones de conversaciones en su mayoría ficticias, simulando un debate sobre la conveniencia de crear el Partido de los No-fumadores.
Nunca llegué a publicar nada de eso. No lo consideré prudente, pues temo que el mero hecho de hablar sobre un partido político así pueda incomodar al sentir general de simpatizantes de otras organizaciones afines, que sólo parecen aprobar la lucha por la causa desde la Sociedad Civil en sentido estricto. Prefieren no llevar a cabo una acción que pueda comprometer su carácter apolítico. Por eso, no recomiendo la publicación de enlaces a este tipo de documentos en foros salvo consentimiento expreso de interesados y administradores.
Si creéis que un manifiesto puede ser útil, podéis modificar éste; añadir o quitar párrafos, cambiarlos, ampliarlos, tomar el texto como referencia o inspiración para crear uno nuevo, o usarlo directamente tal y como está.
DÍA ANTERIOR, DÍA 1
jueves, mayo 31, 2007
Partido de los NO-FUMADORES II
DÍA 2:
PANEL 4
Es una lástima que la sociedad civil tenga tantas dificultades en ser oída. Es evidente que se halla sola y desatendida en esta lucha. Los miembros del movimiento tenemos una sensación de impotencia e indefensión; no percibimos al Estado como nuestro aliado protector, precisamente. Además, los actores pro-tabaqueros, aunque diversificados en diferentes sectores económicos, comparten un objetivo común –el libre consumo sin regulaciones que amenacen sus intereses-. Forman un bando muy cohesionado. Entre ellos, su interés y su unión es total; entre los no-fumadores, la falta de esa unión y el desinterés acucian.
Pienso que un partido podría crear una base sólida desde la que incorporar nuevos efectivos al movimiento y podría adquirir cierta fuerza e influencia. De una manera o de otra, daría publicidad a la causa y mantendría el debate social abierto. Es el objetivo: hacer que se hable del asunto. El debate aceleraría el proceso de concienciación de la sociedad, cosa que sólo puede jugar a nuestro favor. ¿Por dónde habría que empezar?
PANEL 5
Habría que empezar por dar fe pública del acuerdo de constitución (mínimo 4 miembros) mediante acta notarial. Habría que redactar el Estatuto, luego se depositaría en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior.
Un compañero nos ha confeccionado un estatuto, el cual está siendo sometido a los últimos retoques. Me interesa que os fijéis en los fines. Son en esencia los mismos que los de cualquier asociación de no-fumadores. Sin embargo se amplía algo el campo de actuación. Se deja claro que el fin no es perseguir a los fumadores. De hecho, no podemos renunciar a ese electorado que es -y en muchos casos se siente- víctima. Es por eso por lo que se establece como propuesta la subvención de tratamientos para dejar de fumar por parte del Estado. A diferencia de otras asociaciónes, creemos que es imprescindible reducir el número de fumadores, independientemente de que los derechos de los no-fumadores estén salvaguardados mediante restricciones y delimitaciones de espacios de uso público. Mucha gente se ha quejado de que muchos no-fumadores ofrecen una cara frívola cuando hablan de “cuales no son sus objetivos”. En este sentido, debido a la ausencia de un compromiso social integrador en este ámbito (que por supuesto incluya a fumadores y no-fumadores), algunos han tachado a nuestro movimiento de egoísta y pretencioso. Es obvio que todos queremos ofrecer una cara amable que convenza a todo el mundo salvo a los que, por evidentes razones económicas, no sea posible. A los fumadores es posible convencerlos. A los vendedores no.
PANEL 6
¿Qué ventajas puede suponer con respecto a una asociación? Ninguna. Esto es otro medio más a través del que conseguir objetivos. De hecho no tienen que por qué reñirse ambos medios. Son diferentes formas de encarar un problema. Hoy en día los partidos gozan de mucha publicidad. No es agradable recurrir a la política, sobre todo cuando ello puede provocar rechazo por parte de algunos de los simpatizantes del movimiento. Sin embargo, con las armas que hemos luchado hasta ahora es como si combatiésemos usando pistolas de agua. Un partido político siempre ha de ser oído porque tiene algo con lo que negociar y voz para atacar a quienes amenazan sus intereses. Es sin duda difícil mostrar una cara amable cuando se milita para defender una meta cuya demanda siempre ha sido atribuida a la sociedad civil. La coerción pacífica ya era razón más que suficiente para que los actores pro-tabaqueros nos colocasen el sambenito de la intolerancia. Ellos sabían que la docilidad de sus oponentes tenía los días contados. Por tanto, con este salto cualitativo, el riesgo de ser llamados intolerantes se incrementa. Hemos de convencer a la gente de que el tabaquismo supera cualquier magnitud, que es necesario y beneficioso para la sociedad combatirlo y que no existen muchas otras maneras de hacerlo. El entrar a la palestra era una consecuencia lógica de la incapacidad de los políticos para atajar el problema, problema que no fuimos nosotros quienes lo politizamos y los que permitimos que se enquistase. En tal caso, el movimiento ha de presentarse con su clara determinación como algo capaz de promover una solución definitiva.
DÍA ANTERIOR
PANEL 4
Es una lástima que la sociedad civil tenga tantas dificultades en ser oída. Es evidente que se halla sola y desatendida en esta lucha. Los miembros del movimiento tenemos una sensación de impotencia e indefensión; no percibimos al Estado como nuestro aliado protector, precisamente. Además, los actores pro-tabaqueros, aunque diversificados en diferentes sectores económicos, comparten un objetivo común –el libre consumo sin regulaciones que amenacen sus intereses-. Forman un bando muy cohesionado. Entre ellos, su interés y su unión es total; entre los no-fumadores, la falta de esa unión y el desinterés acucian.
Pienso que un partido podría crear una base sólida desde la que incorporar nuevos efectivos al movimiento y podría adquirir cierta fuerza e influencia. De una manera o de otra, daría publicidad a la causa y mantendría el debate social abierto. Es el objetivo: hacer que se hable del asunto. El debate aceleraría el proceso de concienciación de la sociedad, cosa que sólo puede jugar a nuestro favor. ¿Por dónde habría que empezar?
PANEL 5
Habría que empezar por dar fe pública del acuerdo de constitución (mínimo 4 miembros) mediante acta notarial. Habría que redactar el Estatuto, luego se depositaría en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior.
Un compañero nos ha confeccionado un estatuto, el cual está siendo sometido a los últimos retoques. Me interesa que os fijéis en los fines. Son en esencia los mismos que los de cualquier asociación de no-fumadores. Sin embargo se amplía algo el campo de actuación. Se deja claro que el fin no es perseguir a los fumadores. De hecho, no podemos renunciar a ese electorado que es -y en muchos casos se siente- víctima. Es por eso por lo que se establece como propuesta la subvención de tratamientos para dejar de fumar por parte del Estado. A diferencia de otras asociaciónes, creemos que es imprescindible reducir el número de fumadores, independientemente de que los derechos de los no-fumadores estén salvaguardados mediante restricciones y delimitaciones de espacios de uso público. Mucha gente se ha quejado de que muchos no-fumadores ofrecen una cara frívola cuando hablan de “cuales no son sus objetivos”. En este sentido, debido a la ausencia de un compromiso social integrador en este ámbito (que por supuesto incluya a fumadores y no-fumadores), algunos han tachado a nuestro movimiento de egoísta y pretencioso. Es obvio que todos queremos ofrecer una cara amable que convenza a todo el mundo salvo a los que, por evidentes razones económicas, no sea posible. A los fumadores es posible convencerlos. A los vendedores no.
PANEL 6
¿Qué ventajas puede suponer con respecto a una asociación? Ninguna. Esto es otro medio más a través del que conseguir objetivos. De hecho no tienen que por qué reñirse ambos medios. Son diferentes formas de encarar un problema. Hoy en día los partidos gozan de mucha publicidad. No es agradable recurrir a la política, sobre todo cuando ello puede provocar rechazo por parte de algunos de los simpatizantes del movimiento. Sin embargo, con las armas que hemos luchado hasta ahora es como si combatiésemos usando pistolas de agua. Un partido político siempre ha de ser oído porque tiene algo con lo que negociar y voz para atacar a quienes amenazan sus intereses. Es sin duda difícil mostrar una cara amable cuando se milita para defender una meta cuya demanda siempre ha sido atribuida a la sociedad civil. La coerción pacífica ya era razón más que suficiente para que los actores pro-tabaqueros nos colocasen el sambenito de la intolerancia. Ellos sabían que la docilidad de sus oponentes tenía los días contados. Por tanto, con este salto cualitativo, el riesgo de ser llamados intolerantes se incrementa. Hemos de convencer a la gente de que el tabaquismo supera cualquier magnitud, que es necesario y beneficioso para la sociedad combatirlo y que no existen muchas otras maneras de hacerlo. El entrar a la palestra era una consecuencia lógica de la incapacidad de los políticos para atajar el problema, problema que no fuimos nosotros quienes lo politizamos y los que permitimos que se enquistase. En tal caso, el movimiento ha de presentarse con su clara determinación como algo capaz de promover una solución definitiva.
DÍA ANTERIOR
miércoles, mayo 30, 2007
Partido de los NO-FUMADORES I
Unos zelotes enfermos de tabaquina, personae non gratae para los políticos y otros “estanqueros” de este país, intercambian impresiones e ideas sobre cómo podría concebirse un partido de no fumadores.
DÍA 1:
PANEL 1
Se me ha consultado para que manifieste mi parecer sobre la conveniencia o no de inscribir un partido político de no fumadores. No me habéis provisto de mucha información al respecto sobre la que trabajar. Diré qué me parece así a primera vista algo tan “inaudito”.
La idea de formar un partido me parece algo descabellada. Si de verdad fuese lo más efectivo, ¿No sería lógico que alguien se nos hubiera adelantado? Además tengo mis reservas en lo que a nuestro posible mercado electoral se refiere. Por una razón o por otra, me da la sensación de los hipotéticos votantes siempre encontrarían mil y una razones para votar a cualquier otro partido. Sin embargo, como he dicho, esto no son aún ni conjeturas, sólo primeras impresiones.
Tampoco veo clara la viabilidad de la inscripción en sí. Habría que evaluar cuanto dinero, cuanta gente y, sobre todo, cuanta motivación requeriría una empresa de esas magnitudes. No estoy por la labor de erigirme como uno de los promotores de la iniciativa pero podéis contar conmigo en lo que pueda ofreceros: algo de tiempo y dinero, pero no de actuación pública. Para eso estáis vosotros.
Espero no defraudaros con mi escepticismo. De todas maneras, no olvidéis que estoy aquí para me convenzáis. No para prejuzgar desde un primer momento.
PANEL 2
Algunas consideraciones:
Hay algunos que piensan que fundar un partido puede ser algo efectivo sólo a largo plazo, es decir, cuando ya tengamos una Ley como en Italia y la aplicación de medios sea efectiva, de modo que un partido gestionado de manera torpe podría ocasionar más perjuicio que beneficio a la causa. En un supuesto así, el Partido dejaría de tener sentido.
A eso tengo que responder primero que no veo que nuestros objetivos se vayan a conseguir tan pronto -ojala así fuese- y, segundo, que las organizaciones de la Sociedad Civil y el Partido no tienen que por qué ser uno sólo o depender la una del otro.
La decisión por nuestra parte de intentar formar un partido, no ha sido tomada a la ligera sino que ha sido el producto de una larga y profunda reflexión. No creo que sea contraproducente en ningún sentido embarcarnos en esta empresa tan ambiciosa, entre otras cosas porque el “no” a nuestras pretensiones ya lo tenemos de una manera o de otra; pero sobre todo porque, aunque la imagen que demos de cara al público pueda en algún momento parecer torpe, ingenua y desafortunada –debido a nuestra falta de experiencia principalmente-, la razón siempre estará de nuestra parte y lo más probable que puede ocurrir –si alguna influencia llegamos a tener- es que aceleremos la consecución de las metas sociales en cuestión.
Por otro lado, muchos piensan por la misma razón, que el partido podría tener una vida limitada a la consecución de esos objetivos tan concretos. Si el partido evoluciona, muta o desaparece, cualquiera de esas tres cosas se producirá como consecuencia de una buena noticia. De todas maneras, si la mayoría no cree que el partido deba tener unos objetivos tan específicos o limitados, por mi parte estoy dispuesto a debatir sobre la posibilidad de desarrollar un programa más extenso que abarque más áreas que las estrictamente relacionadas con el tabaco.
PANEL 3
Yo creo que lo que me comentaba mi padre el otro día sobre el tema era bastante sensato y lo podéis transmitir a la gente para justificar la constitución de un partido diferente:
“A los políticos les importa muy poco el problema. A ellos lo que les importa es seguir en el poder y seguir cobrando sus sueldos. Toda esa caterva de fumadores y borrachos son votantes al fin y al cabo. Así que toda esa blandenguería no es más que una manera de capear el temporal y no ganarse un fracaso electoral. Prefieren ir dejando pasar las cosas para ir sobrellevando los problemas en vez de atajarlos con soluciones drásticas pero justas. Es una gran verdad: gran parte de los comportamientos humanos se explican o por motivos de dinero, de poder o de sexo. Se nos quiere hacer creer que hay razones nobles y sensatas en lo que hacen o dejan de hacer, cuando no es más que hipocresía y demagogia pura y dura.”
DÍA 1:
PANEL 1
Se me ha consultado para que manifieste mi parecer sobre la conveniencia o no de inscribir un partido político de no fumadores. No me habéis provisto de mucha información al respecto sobre la que trabajar. Diré qué me parece así a primera vista algo tan “inaudito”.
La idea de formar un partido me parece algo descabellada. Si de verdad fuese lo más efectivo, ¿No sería lógico que alguien se nos hubiera adelantado? Además tengo mis reservas en lo que a nuestro posible mercado electoral se refiere. Por una razón o por otra, me da la sensación de los hipotéticos votantes siempre encontrarían mil y una razones para votar a cualquier otro partido. Sin embargo, como he dicho, esto no son aún ni conjeturas, sólo primeras impresiones.
Tampoco veo clara la viabilidad de la inscripción en sí. Habría que evaluar cuanto dinero, cuanta gente y, sobre todo, cuanta motivación requeriría una empresa de esas magnitudes. No estoy por la labor de erigirme como uno de los promotores de la iniciativa pero podéis contar conmigo en lo que pueda ofreceros: algo de tiempo y dinero, pero no de actuación pública. Para eso estáis vosotros.
Espero no defraudaros con mi escepticismo. De todas maneras, no olvidéis que estoy aquí para me convenzáis. No para prejuzgar desde un primer momento.
PANEL 2
Algunas consideraciones:
Hay algunos que piensan que fundar un partido puede ser algo efectivo sólo a largo plazo, es decir, cuando ya tengamos una Ley como en Italia y la aplicación de medios sea efectiva, de modo que un partido gestionado de manera torpe podría ocasionar más perjuicio que beneficio a la causa. En un supuesto así, el Partido dejaría de tener sentido.
A eso tengo que responder primero que no veo que nuestros objetivos se vayan a conseguir tan pronto -ojala así fuese- y, segundo, que las organizaciones de la Sociedad Civil y el Partido no tienen que por qué ser uno sólo o depender la una del otro.
La decisión por nuestra parte de intentar formar un partido, no ha sido tomada a la ligera sino que ha sido el producto de una larga y profunda reflexión. No creo que sea contraproducente en ningún sentido embarcarnos en esta empresa tan ambiciosa, entre otras cosas porque el “no” a nuestras pretensiones ya lo tenemos de una manera o de otra; pero sobre todo porque, aunque la imagen que demos de cara al público pueda en algún momento parecer torpe, ingenua y desafortunada –debido a nuestra falta de experiencia principalmente-, la razón siempre estará de nuestra parte y lo más probable que puede ocurrir –si alguna influencia llegamos a tener- es que aceleremos la consecución de las metas sociales en cuestión.
Por otro lado, muchos piensan por la misma razón, que el partido podría tener una vida limitada a la consecución de esos objetivos tan concretos. Si el partido evoluciona, muta o desaparece, cualquiera de esas tres cosas se producirá como consecuencia de una buena noticia. De todas maneras, si la mayoría no cree que el partido deba tener unos objetivos tan específicos o limitados, por mi parte estoy dispuesto a debatir sobre la posibilidad de desarrollar un programa más extenso que abarque más áreas que las estrictamente relacionadas con el tabaco.
PANEL 3
Yo creo que lo que me comentaba mi padre el otro día sobre el tema era bastante sensato y lo podéis transmitir a la gente para justificar la constitución de un partido diferente:
“A los políticos les importa muy poco el problema. A ellos lo que les importa es seguir en el poder y seguir cobrando sus sueldos. Toda esa caterva de fumadores y borrachos son votantes al fin y al cabo. Así que toda esa blandenguería no es más que una manera de capear el temporal y no ganarse un fracaso electoral. Prefieren ir dejando pasar las cosas para ir sobrellevando los problemas en vez de atajarlos con soluciones drásticas pero justas. Es una gran verdad: gran parte de los comportamientos humanos se explican o por motivos de dinero, de poder o de sexo. Se nos quiere hacer creer que hay razones nobles y sensatas en lo que hacen o dejan de hacer, cuando no es más que hipocresía y demagogia pura y dura.”
martes, mayo 29, 2007
¿A quién votan los no-fumadores?

A nadie. Votemos a quien votemos lo haremos a la Industria Tabaquera. Hoy por hoy es así. Ningún partido político en España está en disposición de defender nuestros intereses de una manera minimamente satisfactoria. De hecho, si no fuese por la presión externa (O.M.S y U.E.), las cosas irían de mal en peor indefinidamente para los que no queremos fumar de gorra.
Un estético ejemplo del compromiso moral de nuestra clase política en su lucha contra el tabaquismo, es la foto de estos sugerentes regalitos repartidos con tanta generosidad entre el vulgo que frecuentaba un mercadillo almeriense el sábado. Haciendo memoria, resulta obvio que nunca se acordó, como se pretendió hacer con la lucha antiterrorista en su momento, eso de no usar como arma política el tabaco. Pero da igual porque la intocabilidad del status económico del tabaco y el libre fumeteo en la hostelería se daban por descontados, tanto por el gobierno como por la oposición. La Industria Tabaquera y los fabricantes de mecheritos, por desgracia, son muy “amigos” de todos y cada uno de los partidos políticos.
sábado, mayo 26, 2007
Los apestificados
Muchos estiletes de la Industria Tabaquera en España dicen que por culpa de una ley taliban promovida por la Ministra de Sanidad Elena Salgado, un colectivo al completo ha sido convertido en los “apestados” de la sociedad; vilipendiado, insultado y condenado al ostracismo.
La palabra “apestado” apela a la compasión del que no fuma. Puede que no trate de hacer sentir culpable al no-fumador por el simple hecho de no compartir el mismo hábito que ese colectivo, pero sí consigue que éste no ose cuestionarse lo siguiente: ¿Tiene el fumador pasivo el deber moral de soportar las molestias y los perjuicios ocasionados por el tabaco?
Si se trata de una “cuestión de educación”, la balanza no puede inclinarse de manera clara en un sentido u otro. Pues la educación es un concepto formal sin implicaciones prácticas ulteriores en este asunto.
Si se trata de una mera cuestión de justicia, el deber jurídico de hacer o soportar no exige la tolerancia a un acto que no tiene que por qué ser irrenunciable. En este caso, la tolerancia a las consecuencias ambientales de la combustión no debe ofrecerse como una muestra de educación o de cortesía. Sólo es un síntoma de irresponsabilidad y de ignorancia. Cuando alguien presta un consentimiento que puede interpretarse como extensible a terceros presentes en las inmediaciones del entorno, hablaremos de irresponsabilidad, por cuanto se vulnera el principio de bilateralidad para los acuerdos en estos casos. Hoy por hoy, la ignorancia viene determinada por la incredulidad del tolerante; quien no cree que el tabaco lo perjudique a él o a la sociedad de alguna forma. Ello se explica porque la percepción de los perjuicios, o no se da, o no es inmediata, aunque estos existan.
El chantaje emocional consigue un efecto en el no-fumador que sí percibe ciertas incomodidades: la represión. Las consecuencias del tabaquismo son evidentes a los sentidos y, aún así, no se habla de ellas o se hace con las mismas reservas que cuando se discute sobre sexo o política.
En una oficina pequeña, aunque no haya traído el fumador su paquete de cigarrillos, existe un hecho que lo delata: su olor. El fumador habitual, aún inmediatamente después de haberse duchado, exuda el olor a tabaco a través de su piel. Por eso en concreto es posible que sean “apestados”; pero no fuimos nosotros quienes los apestificamos. Fueron otros.
La palabra “apestado” apela a la compasión del que no fuma. Puede que no trate de hacer sentir culpable al no-fumador por el simple hecho de no compartir el mismo hábito que ese colectivo, pero sí consigue que éste no ose cuestionarse lo siguiente: ¿Tiene el fumador pasivo el deber moral de soportar las molestias y los perjuicios ocasionados por el tabaco?
Si se trata de una “cuestión de educación”, la balanza no puede inclinarse de manera clara en un sentido u otro. Pues la educación es un concepto formal sin implicaciones prácticas ulteriores en este asunto.
Si se trata de una mera cuestión de justicia, el deber jurídico de hacer o soportar no exige la tolerancia a un acto que no tiene que por qué ser irrenunciable. En este caso, la tolerancia a las consecuencias ambientales de la combustión no debe ofrecerse como una muestra de educación o de cortesía. Sólo es un síntoma de irresponsabilidad y de ignorancia. Cuando alguien presta un consentimiento que puede interpretarse como extensible a terceros presentes en las inmediaciones del entorno, hablaremos de irresponsabilidad, por cuanto se vulnera el principio de bilateralidad para los acuerdos en estos casos. Hoy por hoy, la ignorancia viene determinada por la incredulidad del tolerante; quien no cree que el tabaco lo perjudique a él o a la sociedad de alguna forma. Ello se explica porque la percepción de los perjuicios, o no se da, o no es inmediata, aunque estos existan.
El chantaje emocional consigue un efecto en el no-fumador que sí percibe ciertas incomodidades: la represión. Las consecuencias del tabaquismo son evidentes a los sentidos y, aún así, no se habla de ellas o se hace con las mismas reservas que cuando se discute sobre sexo o política.
En una oficina pequeña, aunque no haya traído el fumador su paquete de cigarrillos, existe un hecho que lo delata: su olor. El fumador habitual, aún inmediatamente después de haberse duchado, exuda el olor a tabaco a través de su piel. Por eso en concreto es posible que sean “apestados”; pero no fuimos nosotros quienes los apestificamos. Fueron otros.
jueves, mayo 24, 2007
Mercenarios
El Liberalismo, para un mismo problema, propone diferentes soluciones como válidas. Distintas entidades ofrecen visiones diferentes sobre un mismo hecho. Se evita por tanto la consagración de una verdad como la única y absoluta.
En un entorno liberal, el Estado no ejerce una férrea labor de fiscalidad y control característica de otros modelos. En el extremo contrario de la balanza tendríamos los totalitarismos.
Las instituciones y los individuos interaccionan libremente y el Estado actúa conforme al principio de mínima intervención; pero lo hace. En el plano económico prescribe una serie de normas imprescindibles para que el libre comercio pueda prosperar sin los inconvenientes propios de su puesta en práctica sin más. En definitiva, el modelo liberal persigue, como cualquier otro, el bien de la humanidad. En tal caso, al Estado le correspondería la loable función de optimizar el rendimiento social y económico de la libre sociedad y sus mercados. Pero en España, parte de la autodenominada "Derecha Liberal" no parece entenderlo así. Al menos cuando aborda el problema del tabaquismo, cuya existencia no reconoce. No lo hace porque la prevalencia del tabaquismo en España no es tanto sanitaria como política y económica.
Las regulaciones antitabaco han encontrado como arma en la confrontación política su uso principal. Gran parte de esta tendencia radica en el populismo político que no ha dudado en atribuirse la recurrencia a falsos postulados liberales; para encubrir su defensa a ultranza de intereses tabaqueros de los que, por otra parte, tanto parece nutrirse.
De todas formas, su respaldo ideológico en este sentido i.e una facción de estos pseudo-filántropos y liberaloides, no duda en basar la necesidad de defender el libre comercio y consumo del tabaco en la salvaguarda de libertades, aún incurriendo en errores intelectuales y contratiempos axiomáticos. Esta “actitud” se traduce en un resultado: la celosa protección de los intereses de la Industria Tabaquera.
En términos globales, tanto sociales como económicos, esa falta de regulación tendría además como consecuencia la ineficiencia social y económica del auténtico –sin adulterar- modelo liberal. No renuncian a la regulación porque crean que el Estado no debe imponer normas que optimicen el orden social y económico evitando la aparición de conflictos, amparándose en la bandera de la libertad; lo hacen porque el gobierno que actualmente dirige este estado es socialista.
Podemos decir que, la percepción que el ciudadano está recibiendo sobre qué es el Liberalismo a través de gran parte de los medios de comunicación nacionales, está severamente contaminada por varias fuentes. Una de esas fuentes es la mismísima Industria Tabaquera. Sabiendo esto, comprenderemos que la oposición compulsiva a las regulaciones del tabaco, no es una característica del liberalismo; sino del mercenariazgo.
En un entorno liberal, el Estado no ejerce una férrea labor de fiscalidad y control característica de otros modelos. En el extremo contrario de la balanza tendríamos los totalitarismos.
Las regulaciones antitabaco han encontrado como arma en la confrontación política su uso principal. Gran parte de esta tendencia radica en el populismo político que no ha dudado en atribuirse la recurrencia a falsos postulados liberales; para encubrir su defensa a ultranza de intereses tabaqueros de los que, por otra parte, tanto parece nutrirse.
De todas formas, su respaldo ideológico en este sentido i.e una facción de estos pseudo-filántropos y liberaloides, no duda en basar la necesidad de defender el libre comercio y consumo del tabaco en la salvaguarda de libertades, aún incurriendo en errores intelectuales y contratiempos axiomáticos. Esta “actitud” se traduce en un resultado: la celosa protección de los intereses de la Industria Tabaquera.
En términos globales, tanto sociales como económicos, esa falta de regulación tendría además como consecuencia la ineficiencia social y económica del auténtico –sin adulterar- modelo liberal. No renuncian a la regulación porque crean que el Estado no debe imponer normas que optimicen el orden social y económico evitando la aparición de conflictos, amparándose en la bandera de la libertad; lo hacen porque el gobierno que actualmente dirige este estado es socialista.
Podemos decir que, la percepción que el ciudadano está recibiendo sobre qué es el Liberalismo a través de gran parte de los medios de comunicación nacionales, está severamente contaminada por varias fuentes. Una de esas fuentes es la mismísima Industria Tabaquera. Sabiendo esto, comprenderemos que la oposición compulsiva a las regulaciones del tabaco, no es una característica del liberalismo; sino del mercenariazgo.
martes, mayo 22, 2007
Premio Altadís-Nuevos Directores

Es verdad que la publicidad y el patrocinio de las tabaqueras está prohibido. Sin embargo, no me consta que la prohibición se aplique a sus empresas y fundaciones tapadera. Voy a ser claro: Hoy por hoy, casi todo el cine español, sea subvencionado o no, es un perfecto vehículo de transmisión de la influencia de las tabaqueras.
Cuando uno ve algunas películas españolas es difícil olvidar ese triste aspecto instrumental. Muchos productores y directores, ponen demasiado fácil la identificación de sus mecenas. Tras ver un variado repertorio de españoladas y compararlas con películas y series de televisión americanas -no exentas por completo del mismo problema-, invariablemente, uno se percata siempre de lo mismo: en las escenas cinematográficas españolas se fuma demasiado. En nuestro cine, los actores parecen dedicar más tiempo a fumar que a rodar escenas de sexo.
Quien no se lo crea, y quiera prueba documental, sólo tiene que quedarse hasta el final de la película y leer los créditos. Ahí es probable que haya algo aunque sea en la sección de agradecimientos. La propaganda de la Industria a través de este medio es tan sutil como el colocón que produce la nicotina, pero no menos contundente en cuanto a eficacia.
Por eso no me ha sorprendido comprobar que se celebrara el Festival de San Sebastián bajo el patrocino de la fundación Altadís. Tampoco es de extrañar que la hispano-francesa Altadís trate de demostrar su compromiso social y su apoyo al arte con esta fundación. Falta decencia en el cine español y no porque se abuse de contenido sexual obsceno precisamente.
domingo, mayo 20, 2007
El negocio de la negación
Hace algún tiempo escribí unas líneas que hablaban sobre el revisionismo y el negacionismo aplicado a los pasatiempos de los prebostes y acólitos de la Industria Tabaquera. Hoy he podido leer aquí un artículo bastante llamativo sobre este tipo de cosas. Sobre los trapos sucios de la petrolera Exxon y su maestra Philip Morris. Philips Morris, a primeros de los 90, contrató la empresa de relaciones públicas APCO para sembrar la duda y la confusión. Para librar la batalla contra la regulación en España, contrató a la consultora Burson-Masteller...
jueves, mayo 10, 2007
¿Qué opinan los no-fumadores sobre aquello de que el fumar donde pueda ser molesto depende de la “buena educación”?
La buena o la mala educación no tienen nada que ver con el problema del tabaquismo y sus consecuencias para terceros. Cada cual es libre de ser educado o maleducado. Otra cosa es la falta de respeto a lo ajeno que puede constituir el fumar en público.
El achacar a la “mala educación” -o a la mala adicción- la existencia del tabaquismo pasivo, es una de las excusas más burdas con las que la cobarde política tradicional ha justificado su incompetencia a la hora de afrontar problemas cuya solución supone un riesgo para sus intereses electorales.
Tal excusa implica el reconocimiento de que el derecho a no respirar humo de tabaco es sólo formal y por tanto condicionado a la oportunidad. En otras palabras, una cuestión de formas; un engaño. Con ello, se certifica que la prohibición de fumar en ciertos lugares no es de obligado acatamiento, sino que cada cual será libre, según su educación, de secundar o no el intento normativo. Pues de su incumplimiento no se deriva ninguna consecuencia material para un infractor “formal”.
Con esta “diplomacia” se simula contentar a todos aunque el conflicto entre fumadores y no-fumadores persiste. Permitiendo el abuso de los fumadores, se favorece intencionadamente a quienes defienden intereses empresariales concretos a costa de la salud pública y del bienestar general de la comunidad.
El achacar a la “mala educación” -o a la mala adicción- la existencia del tabaquismo pasivo, es una de las excusas más burdas con las que la cobarde política tradicional ha justificado su incompetencia a la hora de afrontar problemas cuya solución supone un riesgo para sus intereses electorales.
Tal excusa implica el reconocimiento de que el derecho a no respirar humo de tabaco es sólo formal y por tanto condicionado a la oportunidad. En otras palabras, una cuestión de formas; un engaño. Con ello, se certifica que la prohibición de fumar en ciertos lugares no es de obligado acatamiento, sino que cada cual será libre, según su educación, de secundar o no el intento normativo. Pues de su incumplimiento no se deriva ninguna consecuencia material para un infractor “formal”.
Con esta “diplomacia” se simula contentar a todos aunque el conflicto entre fumadores y no-fumadores persiste. Permitiendo el abuso de los fumadores, se favorece intencionadamente a quienes defienden intereses empresariales concretos a costa de la salud pública y del bienestar general de la comunidad.
miércoles, mayo 09, 2007
Sobre el artículo del otro día
Parece que a varios lectores les ha sentado mal el artículo que escribí el otro día sobre el tabaquismo en la clase funcionarial, a juzgar por dos correos electrónicos privados que he tenido el placer de recibir.
Se me ha llamado por ese motivo “fachón”. No sé, C., qué quieres decir exactamente con ese calificativo, pero intuyo que tiene que ver con tu convicción de que tal exclusión es discriminatoria. Si bien la propuesta estaba en clave de hipótesis, no tengo ningún inconveniente en reafirmarme en mi opinión: El ser consumidor de tabaco debería ser un motivo de exclusión en un proceso selectivo que tenga como objeto la provisión de puestos o cargos de carácter público.
Estás personalizando la cuestión porque eres un funcionario que fuma y se considera –puede que lo seas- más eficiente que muchos que no fuman. Pero es que esa no es la cuestión porque no existe una motivación discriminatoria detrás de una propuesta así. Además, para tu tranquilidad, te recordaré que algo así no tendría carácter retroactivo que te “perjudicara”. Insisto, ya he explicado en ese mismo artículo por qué pensáis que los fumadores pueden ser discriminados. No hay que olvidar el carácter exógeno de vuestros miedos y manías.
No es un estado temporal de obcecación el que me ha hecho escribir algo así, sino que he sido perfectamente consecuente con mi forma de pensar y con lo que he escrito anteriormente en otros artículos. De hecho, esto me confirma que hay gente a la que su hábito le hace perder la objetividad, como es tu caso. Además, incluso asumes orgulloso tu identidad de fumador. Si de verdad estás entregado al deber público, comprenderás que, estadísticamente, sería más rentable para el Estado hacerlo así; por un lado evitando la incorporación de “bajistas” potenciales, o con más propensión a ello y, por otro, motivando a los aspirantes a funcionarios a dejar su hábito, salvo que creas que fumar beneficia al Estado.
No se trata de reafirmar a la clase funcionarial como casta privilegiada, sino de empezar por esta pieza clave de la sociedad para desterrar la lacra. Es lógico que si consideramos la lucha antitabáquica como una iniciativa pública empecemos por aplicarla en el sector público. No quisiéramos hacer valedero aquello de “En casa del herrero, cuchara de palo”
En cuanto a que supone un peligroso recorte de libertades, F., eso es una apreciación que no comparten ni la mayoría de liberales como tú. Es verdad que nunca llueve a gusto de todos y que el Estado, para vosotros, no debería existir. Sin embargo, ya que existe, es ilógico que le neguéis el derecho a la libertad de contratación por el hecho de que no es un holding privado. Aquí el Estado no está obligando a fumar o a no fumar, ni a trabajar en el sector público o no hacerlo. Sólo dispone una “condición” que es, en este caso, la incompatibilidad de ambas actividades. Recordando que la “condición” de fumador no es una cualidad inherente a nadie, es fácilmente entendible. Sigo siendo libre para fumar o para no fumar; para trabajar para el Estado o para no hacerlo. No se puede tenerlo todo y cada uno sigue siendo responsable de sus actos, pero no esclavo de los ajenos, como pretendéis muchos.
En cuanto a tu bagaje cultural en materia de tabaco, F., te diré que la historia a mi también me gusta. Admiro que sepas qué marca de cigarrillos fumaban cada uno de tus ídolos Hollywoodienses. Entiendo que sientas nostalgia al recordar épocas pasadas. A mi también la historia me hace añorar épocas que jamás viví. Pero la historia es historia. El tabaco ha pasado su momento y hay que pasar página. Ha de pasar a la historia, igual que lo hizo Hitler o la peste de 1348. Entonces, siendo representante vocacional de la Philip Morris, no esperes que te desee suerte con tus honorables estudios sobre la labor del tabaco como “elemento unificador de culturas y pueblos” e idioteces semejantes. Dices entusiasmado que queréis convencer a vuestros mandamases para que propongan la declaración del tabaco Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. ¿Qué esperas que te diga alguien de nuestro movimiento respecto a eso? ¿Que le hace gracia? Si tus motivaciones fuesen puramente culturales no te molestarías. Tampoco dejas claro qué es lo que se quiere declarar, si la planta de tabaco, el hábito de fumar en sí, los cigarros puros o todo. Es lógico pensar que queréis parar el tiempo. Supongo que esa declaración aseguraría la pervivencia de vuestro negocio. Seguro que ello os blindaría el día de mañana para así aguantar los envites de nuestro creciente movimiento.
Se me ha llamado por ese motivo “fachón”. No sé, C., qué quieres decir exactamente con ese calificativo, pero intuyo que tiene que ver con tu convicción de que tal exclusión es discriminatoria. Si bien la propuesta estaba en clave de hipótesis, no tengo ningún inconveniente en reafirmarme en mi opinión: El ser consumidor de tabaco debería ser un motivo de exclusión en un proceso selectivo que tenga como objeto la provisión de puestos o cargos de carácter público.
Estás personalizando la cuestión porque eres un funcionario que fuma y se considera –puede que lo seas- más eficiente que muchos que no fuman. Pero es que esa no es la cuestión porque no existe una motivación discriminatoria detrás de una propuesta así. Además, para tu tranquilidad, te recordaré que algo así no tendría carácter retroactivo que te “perjudicara”. Insisto, ya he explicado en ese mismo artículo por qué pensáis que los fumadores pueden ser discriminados. No hay que olvidar el carácter exógeno de vuestros miedos y manías.
No es un estado temporal de obcecación el que me ha hecho escribir algo así, sino que he sido perfectamente consecuente con mi forma de pensar y con lo que he escrito anteriormente en otros artículos. De hecho, esto me confirma que hay gente a la que su hábito le hace perder la objetividad, como es tu caso. Además, incluso asumes orgulloso tu identidad de fumador. Si de verdad estás entregado al deber público, comprenderás que, estadísticamente, sería más rentable para el Estado hacerlo así; por un lado evitando la incorporación de “bajistas” potenciales, o con más propensión a ello y, por otro, motivando a los aspirantes a funcionarios a dejar su hábito, salvo que creas que fumar beneficia al Estado.
No se trata de reafirmar a la clase funcionarial como casta privilegiada, sino de empezar por esta pieza clave de la sociedad para desterrar la lacra. Es lógico que si consideramos la lucha antitabáquica como una iniciativa pública empecemos por aplicarla en el sector público. No quisiéramos hacer valedero aquello de “En casa del herrero, cuchara de palo”
En cuanto a que supone un peligroso recorte de libertades, F., eso es una apreciación que no comparten ni la mayoría de liberales como tú. Es verdad que nunca llueve a gusto de todos y que el Estado, para vosotros, no debería existir. Sin embargo, ya que existe, es ilógico que le neguéis el derecho a la libertad de contratación por el hecho de que no es un holding privado. Aquí el Estado no está obligando a fumar o a no fumar, ni a trabajar en el sector público o no hacerlo. Sólo dispone una “condición” que es, en este caso, la incompatibilidad de ambas actividades. Recordando que la “condición” de fumador no es una cualidad inherente a nadie, es fácilmente entendible. Sigo siendo libre para fumar o para no fumar; para trabajar para el Estado o para no hacerlo. No se puede tenerlo todo y cada uno sigue siendo responsable de sus actos, pero no esclavo de los ajenos, como pretendéis muchos.
En cuanto a tu bagaje cultural en materia de tabaco, F., te diré que la historia a mi también me gusta. Admiro que sepas qué marca de cigarrillos fumaban cada uno de tus ídolos Hollywoodienses. Entiendo que sientas nostalgia al recordar épocas pasadas. A mi también la historia me hace añorar épocas que jamás viví. Pero la historia es historia. El tabaco ha pasado su momento y hay que pasar página. Ha de pasar a la historia, igual que lo hizo Hitler o la peste de 1348. Entonces, siendo representante vocacional de la Philip Morris, no esperes que te desee suerte con tus honorables estudios sobre la labor del tabaco como “elemento unificador de culturas y pueblos” e idioteces semejantes. Dices entusiasmado que queréis convencer a vuestros mandamases para que propongan la declaración del tabaco Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. ¿Qué esperas que te diga alguien de nuestro movimiento respecto a eso? ¿Que le hace gracia? Si tus motivaciones fuesen puramente culturales no te molestarías. Tampoco dejas claro qué es lo que se quiere declarar, si la planta de tabaco, el hábito de fumar en sí, los cigarros puros o todo. Es lógico pensar que queréis parar el tiempo. Supongo que esa declaración aseguraría la pervivencia de vuestro negocio. Seguro que ello os blindaría el día de mañana para así aguantar los envites de nuestro creciente movimiento.
domingo, abril 29, 2007
¿Qué opinan los no fumadores sobre el tabaco en las playas?

La playa es un lugar al que va todo el mundo: mujeres, hombres, familias, niños y bebés.
A la playa se viene a disfrutar del mar, de la arena, del sol y de la naturaleza. El humo del cigarro en la playa puede molestar según la dirección del viento a quien no tiene que por qué aguantarlo. Por tanto, usar la playa como fumadero constituye un uso abusivo y perjudicial de un entorno que es público de facto.
El que parte de una playa pueda ser algún día de titularidad privada, ello es un hecho irrelevante para el caso que nos ocupa. Pues el aire y la brisa marina que transportan el humo de tabaco hasta pituitarias de otros que no fuman no es privatizable, al menos en la práctica, por evidentes razones físicas.
Para fumar existen otros lugares y espacios además de la intimidad del hogar propio. No existe razón por la que el fumador deba arrogarse para sí el uso específico para tal acto de un espacio vital que necesariamente ha de compartir con otros usuarios. En conclusión, es lógico que se llegue a prohibir fumar en las playas pues, por muy respetuoso que sea un fumador, el simple hecho de fumar en una playa abarrotada de gente ya constituye un acto molesto y perjudicial para terceros.
martes, abril 24, 2007
Los funcionarios públicos no deben fumar
“Según la CE, El rechazo de los fumadores en las ofertas de puestos de trabajo no constituye una discriminación perseguida por la legislación europea.”
Esta idea, en principio, parecía aludir a una especie de liberalización de la política de contratación en las empresas privadas en una parcela un tanto particular. Es como si al empresario se le reconociese una libertad que ya tenía: la de contratar a quien le convenga, sin miedo a que lo acusen de establecer criterios de contratación en base a motivaciones discriminatorias. Eso era algo ya temido por la Industria Tabacalera; pero previsto. Los acólitos más arrogantes ya quisieron demostrar en vano que estábamos ante una auténtica violación del art. 14 de la Constitución Española. Para eso pretendían ocultar la inexistencia de la identidad del fumador como tal en la sociedad. Así, uno de los servicios que ofrece la página del Club de Fumadores por la Tolerancia, es el curso de denuncias de supuestas discriminaciones hacia fumadores en el trabajo. Dan por descontado que la condición de fumador es inherente a muchos individuos, atribuyéndole el carácter de primaria y obviando su carácter exógeno. Intentan hacer olvidar el acto concreto de fumar y su voluntariedad en el espacio y en el tiempo.
Cierto es que un estado no debe imponer una moral determinada. Verdad es que cada cual ha de ser libre de escoger el camino del vicio o de la virtud, de modo que no es justo en ningún caso criminalizar los vicios. Pero aún cuando el fumar en público fuese sólo un vicio en sentido estricto y, por tanto sin repercusiones directas sobre terceros que lo puedan convertir en delito, sí considero que el Estado debe ofrecer cierta orientación hacia la virtud; no auspiciar el vicio ni la moral del débil.
Muchos simulan sentirse ofendidos o perjudicados por un Estado “paternalista”, presuponiendo que las normas y las prohibiciones van dirigidas específicamente a condicionar su libertad de acción, y a señalar innecesariamente con el dedo acusador a ciudadanos tan responsables y concienciados como ellos. Quieren hacernos creer que todo ello sólo persigue fines alienantes y totalitarios. Como si la renuncia a fumar en lugares cerrados supusiese un ascético ejercicio de humillante sacrificio para el individuo y ello sólo interesase al Estado.
Obvian el hecho de que, para los elementos marginales de la comunidad, puede ser necesario el refuerzo de ciertas normas de convivencia que muchos sólo están dispuestos a acatar si de su vulneración obtienen un castigo. Muchos visionarios creen que los derechos de unos y las libertades de otros dejarían de entrar en conflicto en un plazo de tiempo determinado si el Estado no se empecinase en regular competencias privadas. Eso es una utopía futura en la que sólo pueden creer ilusos; no idealistas con sentido práctico.
Los pseudo-filántropos que consideran que se puede, y se debe, prescindir de este tipo de regulaciones clave, atienden a deshumanizados intereses corporativos que no contemplan las necesidades y el bienestar de dos actores del panorama potencialmente perjudicables: el ciudadano y el consumidor.
No basan la conveniencia de su modelo en el bien de la mayoría sino en su particular necesidad de salvaguardar las posiciones económicas dominantes actuales que el progreso social amenaza, es decir, forzar el mantenimiento de abusos de posición.
El Estado, si quiere que se respeten las leyes que regulan el consumo del tabaco, ha de predicar con el ejemplo. Es consabido que el ser humano no hace lo que le dicen sino lo que ve que otros hacen. Es más fácil y natural imitar comportamientos ajenos que practicar la obediencia debida.
Dejando a un lado la corrupción existente en gran parte de los cuadros intermedios de la Administración, que tienden a favorecer los intereses de la Industria Tabacalera con sus inhibiciones, no sería mala idea evitar la nueva incorporación de fumadores a ciertos cargos públicos a los que se accede por oposición. Ello no podría ser un hecho condenable ni para el Liberalismo ni para quienes sostienen la libertad de contratación; pues en términos de eficiencia económica, el Estado también tiene derecho a velar por su óptimo rendimiento y rentabilidad como cualquier otra empresa. Supondría ventajas en varios frentes. A saber:
-Animaría a los aspirantes a dejar de fumar ante el riesgo de no ser considerados aptos en el proceso selectivo.
-El aumento del rendimiento laboral estaría asegurado en el ahorro del tiempo que antes se empleaba en salir a la calle a fumar, además de en la reducción de bajas por enfermedad. Como resultado, algo así ofrecería mayor competitividad a las empresas públicas, lo cual trascendería al ámbito privado estimulando la competencia y la asunción de políticas de contratación semejantes con idénticas ventajas.
-La nueva incorporación de efectivos que no fuman, reforzaría el respeto al cumplimiento de la Ley en su entorno laboral, motivando al resto de la menguante plantilla fumadora a abandonar su hábito.
-El desempeño de labores de inspección y valoración de incumplimientos de las leyes reguladoras del tabaco, se llevaría a cabo con menores obstáculos y mayor objetividad, al estar los funcionarios estadísticamente menos condicionados por una posible adicción.
Se haría necesario reelaborar el cuadro de requisititos exigibles para el acceso a la función pública, estableciendo un cuadro de exclusiones médicas común para todos los aspirantes a un puesto o cargo público. El cuadro de exclusiones médicas, en consonancia con los principios de igualdad, méritos, capacidad, imparcialidad y publicidad, contemplaría como causa de inhabilitación para el ejercicio de la función pública el tener la condición de fumador, ser consumidor de sustancias tóxicas o la puesta en práctica de cualquier hábito con repercusiones médicas que pueda poner en tela de juicio la capacidad del aspirante para desempeñar con eficiencia, objetividad e imparcialidad las funciones propias del puesto o cargo público.
(En atención a Luís F.)
Esta idea, en principio, parecía aludir a una especie de liberalización de la política de contratación en las empresas privadas en una parcela un tanto particular. Es como si al empresario se le reconociese una libertad que ya tenía: la de contratar a quien le convenga, sin miedo a que lo acusen de establecer criterios de contratación en base a motivaciones discriminatorias. Eso era algo ya temido por la Industria Tabacalera; pero previsto. Los acólitos más arrogantes ya quisieron demostrar en vano que estábamos ante una auténtica violación del art. 14 de la Constitución Española. Para eso pretendían ocultar la inexistencia de la identidad del fumador como tal en la sociedad. Así, uno de los servicios que ofrece la página del Club de Fumadores por la Tolerancia, es el curso de denuncias de supuestas discriminaciones hacia fumadores en el trabajo. Dan por descontado que la condición de fumador es inherente a muchos individuos, atribuyéndole el carácter de primaria y obviando su carácter exógeno. Intentan hacer olvidar el acto concreto de fumar y su voluntariedad en el espacio y en el tiempo.
Cierto es que un estado no debe imponer una moral determinada. Verdad es que cada cual ha de ser libre de escoger el camino del vicio o de la virtud, de modo que no es justo en ningún caso criminalizar los vicios. Pero aún cuando el fumar en público fuese sólo un vicio en sentido estricto y, por tanto sin repercusiones directas sobre terceros que lo puedan convertir en delito, sí considero que el Estado debe ofrecer cierta orientación hacia la virtud; no auspiciar el vicio ni la moral del débil.
Muchos simulan sentirse ofendidos o perjudicados por un Estado “paternalista”, presuponiendo que las normas y las prohibiciones van dirigidas específicamente a condicionar su libertad de acción, y a señalar innecesariamente con el dedo acusador a ciudadanos tan responsables y concienciados como ellos. Quieren hacernos creer que todo ello sólo persigue fines alienantes y totalitarios. Como si la renuncia a fumar en lugares cerrados supusiese un ascético ejercicio de humillante sacrificio para el individuo y ello sólo interesase al Estado.
Obvian el hecho de que, para los elementos marginales de la comunidad, puede ser necesario el refuerzo de ciertas normas de convivencia que muchos sólo están dispuestos a acatar si de su vulneración obtienen un castigo. Muchos visionarios creen que los derechos de unos y las libertades de otros dejarían de entrar en conflicto en un plazo de tiempo determinado si el Estado no se empecinase en regular competencias privadas. Eso es una utopía futura en la que sólo pueden creer ilusos; no idealistas con sentido práctico.
Los pseudo-filántropos que consideran que se puede, y se debe, prescindir de este tipo de regulaciones clave, atienden a deshumanizados intereses corporativos que no contemplan las necesidades y el bienestar de dos actores del panorama potencialmente perjudicables: el ciudadano y el consumidor.
No basan la conveniencia de su modelo en el bien de la mayoría sino en su particular necesidad de salvaguardar las posiciones económicas dominantes actuales que el progreso social amenaza, es decir, forzar el mantenimiento de abusos de posición.
El Estado, si quiere que se respeten las leyes que regulan el consumo del tabaco, ha de predicar con el ejemplo. Es consabido que el ser humano no hace lo que le dicen sino lo que ve que otros hacen. Es más fácil y natural imitar comportamientos ajenos que practicar la obediencia debida.
Dejando a un lado la corrupción existente en gran parte de los cuadros intermedios de la Administración, que tienden a favorecer los intereses de la Industria Tabacalera con sus inhibiciones, no sería mala idea evitar la nueva incorporación de fumadores a ciertos cargos públicos a los que se accede por oposición. Ello no podría ser un hecho condenable ni para el Liberalismo ni para quienes sostienen la libertad de contratación; pues en términos de eficiencia económica, el Estado también tiene derecho a velar por su óptimo rendimiento y rentabilidad como cualquier otra empresa. Supondría ventajas en varios frentes. A saber:
-Animaría a los aspirantes a dejar de fumar ante el riesgo de no ser considerados aptos en el proceso selectivo.
-El aumento del rendimiento laboral estaría asegurado en el ahorro del tiempo que antes se empleaba en salir a la calle a fumar, además de en la reducción de bajas por enfermedad. Como resultado, algo así ofrecería mayor competitividad a las empresas públicas, lo cual trascendería al ámbito privado estimulando la competencia y la asunción de políticas de contratación semejantes con idénticas ventajas.
-La nueva incorporación de efectivos que no fuman, reforzaría el respeto al cumplimiento de la Ley en su entorno laboral, motivando al resto de la menguante plantilla fumadora a abandonar su hábito.
-El desempeño de labores de inspección y valoración de incumplimientos de las leyes reguladoras del tabaco, se llevaría a cabo con menores obstáculos y mayor objetividad, al estar los funcionarios estadísticamente menos condicionados por una posible adicción.
Se haría necesario reelaborar el cuadro de requisititos exigibles para el acceso a la función pública, estableciendo un cuadro de exclusiones médicas común para todos los aspirantes a un puesto o cargo público. El cuadro de exclusiones médicas, en consonancia con los principios de igualdad, méritos, capacidad, imparcialidad y publicidad, contemplaría como causa de inhabilitación para el ejercicio de la función pública el tener la condición de fumador, ser consumidor de sustancias tóxicas o la puesta en práctica de cualquier hábito con repercusiones médicas que pueda poner en tela de juicio la capacidad del aspirante para desempeñar con eficiencia, objetividad e imparcialidad las funciones propias del puesto o cargo público.
(En atención a Luís F.)
miércoles, abril 04, 2007
No es sólo un vicio
Por un lado asegura el Liberalismo que los vicios no son delitos. En los vicios el individuo sólo se hace daño así mismo. Por otro lado dicen que el Estado se ha inventado muchos delitos que no deberían considerarse como tales. Es el caso de lo que ellos llaman “delitos sin víctimas”. Un ejemplo de ello es el tráfico de drogas y su consumo. Esos planteamientos me pueden parecer correctos en principio; sin embargo, he de entender que para que una actividad lucrativa no merezca ser perseguida o considerada delito ha de cumplir con la premisa principal común al vendedor y al consumidor (i.e.) que sólo cause un daño a quienes la practican exclusivamente. Pero no es el caso del tabaco y su libre consumo.
Para convencernos de que la venta de drogas es uno de esos delitos sin víctimas, nos muestran su frívola visión de la realidad, al parecer basada en el causalismo de Hume, donde sólo se consideran las relaciones causa-efecto en su aspecto más mecánico y directo. Renuncian a toda lógica previsora que pueda aplicarse a un entorno social, pues no asumen la existencia de algo así, o al menos su legitimidad, sumidos en su universo de libertades individuales y propiedades privadas. Para ellos, la deshumanizada interacción entre individuos sólo se rige por las leyes de la oferta y la demanda, mientras el Estado sólo interfiere en ese libre albedrío de forma perniciosa. Pero sigue sin ser el caso del tabaco y su libre consumo...
En un espacio vital compartido la relación causa-efecto entre fumar y molestia a terceros es un hecho. A los liberales les sigue pareciendo normal que los fumadores insistan en hacernos partícipes de sus parafilias y de las escatológicas consecuencias de éstas. No hay vuelta de hoja y no es manía de los gobiernos. Ni siquiera es sólo el Estado el que podría reclamar la reparación de un daño. Es el individuo mismo el perjudicado de manera evidente, aun cuando no se reconozca el daño a la sociedad.
Sólo quieren apartar al Estado del panorama tabaquero para poder auspiciar el abuso de unos pocos y la indefensión de la comunidad.
(Dedicado a Sonia)
domingo, marzo 25, 2007
Soy lo que fumo
Hace poco se ha presentado el libro “Soy lo que Como” . Está basado en el programa de televisión con el mismo nombre que presentaba Raquel Sánchez Silva. Para un liberalista, el programa podría ajustarse a una descripción así:
“Habiendo sido alienadas por el Estado Socialista progre y liberticida, dos fundamentalistas de la salud usurpan la propiedad de una familia. Se inmiscuyen en sus vidas privadas hasta el punto de que, en un alarde de intromisión inadmisible, inspeccionan el frigorífico para fiscalizar su contenido con inevitable afán intervencionista. Los dóciles cabezas de familia, intimidados por el brazo estatal, ven anulada su voluntad mientras las paternalistas lavan sus cerebros y les imponen la moral de la Diosa Salud. Las censoras estatistas insisten en corregir sus hábitos alimenticios, su cultura culinaria y su estilo de vida mediante coacciones hasta minar por completo sus libertades individuales. Les dictan lo que tienen que comer, en qué cantidad, a qué horas y de qué manera. Además, sin salir de su error intelectual, las inquisidoras imponen su moral tratando de inculcarles estilos de vida determinados, basados en el deporte, la vida sana y las dietas hipocalóricas.”
Es muy fácil y “discreto” emitir espacios televisivos que aborden problemas de salud con origen en hábitos alimenticios o en el sedentarismo, desvelando causas y efectos. En términos de salud pública, considero que los desbarajustes que causan las malas dietas, además de esquivos y difíciles de solucionar, son proporcionalmente insignificantes si los comparamos con los del tabaquismo. Por eso, creo que el Ministerio de Sanidad debería patrocinar un programa de nuestro gusto en la televisión pública. “Soy lo que Fumo” sería un buen título.
“Habiendo sido alienadas por el Estado Socialista progre y liberticida, dos fundamentalistas de la salud usurpan la propiedad de una familia. Se inmiscuyen en sus vidas privadas hasta el punto de que, en un alarde de intromisión inadmisible, inspeccionan el frigorífico para fiscalizar su contenido con inevitable afán intervencionista. Los dóciles cabezas de familia, intimidados por el brazo estatal, ven anulada su voluntad mientras las paternalistas lavan sus cerebros y les imponen la moral de la Diosa Salud. Las censoras estatistas insisten en corregir sus hábitos alimenticios, su cultura culinaria y su estilo de vida mediante coacciones hasta minar por completo sus libertades individuales. Les dictan lo que tienen que comer, en qué cantidad, a qué horas y de qué manera. Además, sin salir de su error intelectual, las inquisidoras imponen su moral tratando de inculcarles estilos de vida determinados, basados en el deporte, la vida sana y las dietas hipocalóricas.”
Es muy fácil y “discreto” emitir espacios televisivos que aborden problemas de salud con origen en hábitos alimenticios o en el sedentarismo, desvelando causas y efectos. En términos de salud pública, considero que los desbarajustes que causan las malas dietas, además de esquivos y difíciles de solucionar, son proporcionalmente insignificantes si los comparamos con los del tabaquismo. Por eso, creo que el Ministerio de Sanidad debería patrocinar un programa de nuestro gusto en la televisión pública. “Soy lo que Fumo” sería un buen título.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)