lunes, agosto 25, 2008

Como la que se bebe un vaso de agua

En una parada de bus, a las dos de la tarde, bajo un sol de justicia, espera una mujer embarazada de unos 6 o 7 meses esperando el autobús. Llego, la saludo con un “buenas tardes”, me siento y espero con ella.

Debió ser el miedo al silencio comunicativo o que sencillamente le puso nerviosa mi mera presencia. Fuera lo que fuese, desencadenó en su subconsciente esa imperiosa necesidad de sacarse el paquete y el mechero del bolso para...fumarse un pitillo.

Por supuesto, la dirección del viento, no ayudaba a que el humo del cigarro pasase desapercibido para mis narices, lo cual me provoca ese malestar, esa ira contenida que tanto nos caracteriza a algunos. Sin embargo, decido no decir nada y sólo me levanto de mi, ya no tan cómodo asiento, para sortear el humo. Encontré, en los consejos de los matasanos, la excusa para no intervenir (sí, intervenir o mediar, pues no sabría decir si ya era una o son dos, habida cuenta de su estado biológico),

El auténtico matasanos, es el médico español castizo que se las da de comprensivo y liberal, el que asume que el humo de tabaco es un agente externo del que él y su frivolidad han de desentenderse o que, en su ignorancia supina, piensa que es un agente natural difícilmente evitable como la exposición al sol y la radiación ultravioleta, el mal tiempo o la contaminación atmosférica; o que, cree de verdad que daña más al organismo de la mujer y el feto el estrés que conlleva intentar dejar de fumar que el fumar en sí (la falacia más estúpida jamás predicada por los medicuchos).

A los dos minutos llegaron dos personas más, pero ella se sentía más cómoda fumando que sin fumar, a la vista de todo el mundo, como si nadie en la vida le hubiese dicho algo al respecto, o como si fuese, en definitiva, lo más normal del mundo. Ella entraba dentro del 30% de mujeres fumadoras que no lo dejan durante el embarazo. Entonces uno se pregunta, ¿qué labores de concienciación se están llevando a cabo desde el gobierno? Me gustaría conocerlas.

Esta práctica, me parece particularmente obscena y, además, es posible que sus implicaciones jurídicas se estén obviando porque, cuando se le permite a una mujer embarazada fumar, ¿se está teniendo en cuenta el interés superior del nasciturus?. Es ingénuo pensar que ese sujeto, en grado de indefensión mayor (el mayor de los posibles), no está siendo envenenado calada tras calada. Con los datos que hoy tenemos, y la certeza de que la embarazada que fuma es consciente de que lesiona o pone en peligro la vida del nasciturus, hacerlo durante el embarazo es un delito, delito de imprudencia quizá, pero delito.

2 comentarios:

salsa malaga dijo...

Mejor no decir nada. Yo en casos similares, me separo lo suficiente y hago una foto desde lejos pero con el zoom del móvil.

Todavía no se lo que hacer con tantas.

Un saludo, Antonio.

Laira Scible dijo...

Yo le hubiera preguntado ¿de verdad querés a ese bebé?, y haría un gesto de descrédito ante su respuesta afirmativa.