domingo, abril 29, 2007

¿Qué opinan los no fumadores sobre el tabaco en las playas?


La playa es un lugar al que va todo el mundo: mujeres, hombres, familias, niños y bebés.

A la playa se viene a disfrutar del mar, de la arena, del sol y de la naturaleza. El humo del cigarro en la playa puede molestar según la dirección del viento a quien no tiene que por qué aguantarlo. Por tanto, usar la playa como fumadero constituye un uso abusivo y perjudicial de un entorno que es público de facto.

El que parte de una playa pueda ser algún día de titularidad privada, ello es un hecho irrelevante para el caso que nos ocupa. Pues el aire y la brisa marina que transportan el humo de tabaco hasta pituitarias de otros que no fuman no es privatizable, al menos en la práctica, por evidentes razones físicas.

Para fumar existen otros lugares y espacios además de la intimidad del hogar propio. No existe razón por la que el fumador deba arrogarse para sí el uso específico para tal acto de un espacio vital que necesariamente ha de compartir con otros usuarios. En conclusión, es lógico que se llegue a prohibir fumar en las playas pues, por muy respetuoso que sea un fumador, el simple hecho de fumar en una playa abarrotada de gente ya constituye un acto molesto y perjudicial para terceros.

1 comentario:

SMUFO dijo...

Una ley del tabaco lógica y bien escrita, no esos plomos que redactan los legisladores, debería decir algo así: "Si hay paredes a tu alrededor (no importa cuán grande sea la estancia), si hay un techo sobre tu cabeza (no importa a qué altura), si hay gente cerca de ti o puede haberla(pongamos: a menos de tres metros): estará prohibido fumar".
Una playa corresponde a la tercera categoría, luego es obvio que no debería ser un sitio de fumeteo.
Lo de las playas me trae a la mente otro hábito curioso de los fumíferos irresponsables y maleducados: el de tirar al suelo (o a la arena) la colilla (muchas veces no consumida del todo, encendida y humeante). Así, alegremente, sin pensárselo dos veces. Como si fuera un derecho con el que hubieran nacido. Este comportamiento, que resulta tan sucio para el entorno urbano, se convierte en una gamberrada y un atentado al entorno cuando estamos en la playa.