sábado, enero 05, 2008

El modelo urbanístico español es feo

Suele pasar en muchos países en vías de desarrollo como el nuestro, definidos por la cultura del abuso. Me refiero a las pocas ganas que se tienen de hacer las cosas bien o de arreglarlas si ya estaban mal cuando llegaron, empezando por los dirigentes. Es típico de las democracias inmaduras aferradas a la egoísta mentalidad de la escasez.

Recuerdo cuando era pequeño que, en clase de E.G.B., alumnos y profesores desarrollaron una actividad lúdica en grupo que pretendía simular el funcionamiento de los órganos de gobierno de un país imaginario. En esta actividad, que se prolongó durante una semana, el objetivo era ganar sin trampa; cosa que no se consiguió hasta el tercer o cuarto día. Transcurrida esa primera fase de pillería, los alumnos tramposos empezaron a cansarse. Comprendieron que el juego, si no se respetaban las reglas prescritas, dejaba de tener gracia y ya no les satisfacía ganar. En España estamos en esa primera fase. Lo malo es que llevamos así demasiado tiempo.

Últimamente me he fijado de cerca en el modelo urbanístico español. Todo después de que a un canadiense le tuviese que explicar a su llegada a España que todos esos edificios apelotonados de 8, 9 o 10 plantas no son oficinas a las que la gente va a trabajar por las mañanas sino que ahí, vive –duerme- la gente, aún tratándose de la periferia de Almería. Además le sugerí que, seguramente, en Holanda o Luxemburgo él habría visto una aglomeración de viviendas verticales en una situación igual o peor, puesto que allí, la densidad de población era mucho mayor. Me respondió que de eso nada.

Entonces, he abierto el Google Earth a ver qué pasa y he visto que compartimos la afición por los pisos tipo colmena con otros países de nuestro entorno tales como Palestina, Argelia, Turquía o Marruecos. Lo que aquí conocemos por chalet, duplex y otras construcciones horizontales abundan en los países anglosajones. Aunque hay de todo en todos sitios, la proporción de “pisitos” en áreas residenciales es superior en España a la del resto de países de la Europa septentrional, Australia, EEUU o incluso Japón, pese a que tenemos espacio de sobra.

Tras reflexionar un poco, no he necesitado ver más o informarme en detalle, o consultar fuentes: desde los órganos de poder se favorecen los intereses de las constructoras a toda costa. Las constructoras no aportan fondos a los ayuntamientos cada vez que compran suelo, pues ayuntamientos y constructoras se han convertido en una misma parte, ya que su relación va mucho más allá de una estrecha complicidad.

Como resultado inmediato, el decadente modelo urbanístico español ofrece una vivienda cara y de mala calidad. El problema se soluciona de una manera muy fácil: se limita el número de plantas en el centro de los cascos urbanos –salvo si hablamos de oficinas-. En la periferia, se prohíben las alturas de más de dos plantas y, las anchuras mínimas de las calles y avenidas, la puesta a punto de servicios públicos como el alumbrado, zonas verdes, alcantarillado etc., no se negocia; se impone. Si se quiere coger al toro por los cuernos hay que empezar a poner en marcha una medida así y empezar a expedir órdenes de derribo. Por su parte, los ayuntamientos no deben ser competentes en un área que les viene demasiado grande. Ya sé que es fácil de decir e imposible de hacer. No como lo de prohibir fumar en todos los locales de ocio cerrados.

1 comentario:

SMUFO dijo...

Ah, pero eso que estás proponiendo implica que el Estado (opresor, regulador, controlador de la vida de los ciudadanos)se inmiscuya en la sacrosanta libertad de los ciudadanos para gestionar sus relaciones. Es difícil mover ficha, supongo, porque enseguida se levantarán protestas sobre la maldad del Estado-coco y se dirá que el mejor Estado es el que se queda quietecito y mira hacia otro lado. Curiosamente, los partidarios de este tipo de política, son los constructores y todos los de su ralea.
Se trata aquí de quien controla nuestras vidas, si las corporaciones (con su aparato de relaciones públicas-lavado de cerebro y sus conexiones con el estamento político), o si la batuta la lleva un Estado democrático (cuya soberanía, como todo el mundo sabe, debe residir en el pueblo).
Dicho de otra manera, ¿la soberanía reside en el pueblo, o en los consejos de accionistas?